15
15
Amigos por mucho tiempo
Traductora: S/ Nat.
Correctora: Vicky Dondena
Revisora final: Jennifer García
Ejército Nephilim Latinoamérica
Kit nunca había pensado que podría poner un pie en un
Instituto de Cazadores de Sombras. Ahora había comido y dormido en dos.
Si esto continuaba, iba a convertirse en un hábito.
El Instituto de Londres era exactamente de la forma en que lo habría
imaginado, si alguna vez se le hubiese pedido que lo imaginara, cosa que,
sin duda, no había hecho. Ubicado en una enorme iglesia de piedra
antigua, le faltaba la brillante modernidad de su contraparte en Los
Ángeles. Parecía que no había sido renovado en ochenta años, las
habitaciones estaban pintadas en pasteles eduardianos, que se habían
desvanecido durante décadas en colores suaves y confusos. El agua
caliente era irregular, las camas eran bultos, y había polvo forrando las
superficies de la mayoría de los muebles.
Sonaba, de pedazos y fragmentos que Kit había oído, como si
alguna vez el Instituto de Londres hubiera tenido más gente en él. Había
sido atacado por Sebastian Morgenstern durante la Guerra Oscura, y la
mayoría de los antiguos habitantes nunca habían regresado.
La directora del Instituto parecía casi tan antigua como el edificio. Su
nombre era Evelyn Highsmith. Kit tenía la sensación de que los Highsmiths
tenían gran importancia en la sociedad Nefilim, aunque no era tanto
como los Herondales. Evelyn era una imperiosa mujer alta con cabello
blanco, de unos ochenta años, que usaba largos vestidos al estilo de los
años 40, llevaba un bastón de plata y algunas veces hablaba con
personas que no estaban allí.
Sólo otra persona parecía vivir en el Instituto: la criada de Evelyn,
Bridget, que era tan antigua como su señora. Tenía el cabello teñido de
rojo brillante y mil arrugas finas. Siempre estaba apareciendo en lugares
inesperados, lo que era un inconveniente para Kit, que estaba de nuevo a
la espera de cualquier cosa que pudiera robar. No era una misión que
estuviera yendo bien; la mayor parte de lo que parecía valioso eran los
muebles, y no podía imaginar cómo se suponía que escapara del Instituto
llevando un aparador. Las armas estaban cuidadosamente guardadas
310
bajo llave, no sabía cómo vender candelabros en la calle y, aunque
existían valiosas primeras ediciones de libros en la enorme biblioteca, la
mayoría de ellas habían sido garabateadas por un idiota llamado Will H.
La puerta del comedor se abrió y entró Diana. Se estaba sosteniendo
un brazo: Kit había descubierto que algunas lesiones de Cazador de
Sombras, especialmente las que involucraban veneno demoníaco o icor,
sanaban lentamente a pesar de las runas.
Livvy se animó al ver a su tutora. La familia se había reunido para la
cena, que se servía en una larga mesa en un enorme comedor victoriano.
En algún momento, ángeles habían sido pintados en el techo, pero hacía
mucho tiempo que estaban cubiertos de polvo y manchas de viejas
quemaduras.
— ¿Has oído algo de Alec y Magnus?
Diana sacudió la cabeza, tomando asiento frente a Livvy. Livvy
llevaba un vestido azul que parecía haber sido robado del estudio de una
película de época de la BBC. A pesar de que habían huido del Instituto LA
sin ninguna de sus pertenencias, resultó que había ropa de hace años en
Londres, aunque ninguno parecía haber sido comprado después de 1940.
Evelyn, Kit y la familia Blackthorn se sentaron alrededor de la mesa con un
extraño surtido de ropa: Ty y Kit con pantalones y camisas de manga larga,
Tavvy con una camisa de algodón y pantalones cortos y Drusilla con un
vestido de terciopelo negro que le había encantado por su atractivo
gótico. Diana había rechazado todas las prendas y simplemente lavó a
mano sus propios vaqueros y su camisa.
— ¿Y la Clave? —preguntó Ty— ¿Has hablado con la Clave?
— ¿Alguna vez son útiles? —Kit murmuró entre dientes. No creía que
alguien lo hubiera oído, pero alguien debió hacerlo, porque Evelyn se echó
a reír.
—Oh, Jessamine —le dijo a la nada. — Vamos, eso no es de buen
gusto.
Los Blackthorns levantaron sus cejas el uno al otro. Sin embargo,
nadie comentó nada, dado que Bridget había aparecido desde la cocina,
llevando platos humeantes de carne y verduras, los cuales habían sido
hervidos hasta el punto de quedar insípido.
311
—Simplemente no veo por qué no podemos ir a casa —dijo Dru
tristemente. — Si los Centuriones derrotaron a todos los demonios del mar,
como dijeron...
—No significa que Malcolm no regrese —dijo Diana. — Y es sangre
Blackthorn lo que quiere. Te quedarás dentro de estas paredes, y eso es
definitivo.
Kit se había desmayado durante la horrible cosa que llamaban un
viaje en Portal, el terrible giro absolutamente helado a través de la nada,
de modo que se había perdido la escena que debía de haber ocurrido
cuando aparecieron en el Instituto de Londres, sin Arthur, y Diana había
explicado que estaban allí para quedarse.
Diana se había puesto en contacto con la Clave para contarles
sobre las amenazas de Malcolm, pero Zara había estado allí primero. Al
parecer, ella había asegurado al Consejo que los Centuriones tenían todo
bajo control, que eran mejores que Malcolm y su ejército, y la Clave había
estado demasiado feliz de tomar la palabra de ella.
Y como si la seguridad de Zara hubiera hecho efectivamente un
milagro, Malcolm no volvió a aparecer, y ningún demonio visitó la costa
occidental. Habían transcurrido dos días y no había noticias del desastre.
—Odio que Zara y Manuel estén en el Instituto sin nosotros para
vigilarlos —dijo Livvy, tirando su tenedor. — Cuanto más tiempo estén allí,
mejor justificación tendrán para que la Cohorte lo asuma.
—Ridículo —dijo Evelyn. — Arthur dirige el Instituto. No seas
paranoica, muchacha.
Livvy se estremeció. Aunque todos, incluso Dru y Tavvy, habían sido
puestos al corriente de la situación, incluyendo la enfermedad de Arthur y
la verdad sobre dónde estaban Julian y los otros en realidad, se había
decidido que era mejor que Evelyn no lo supiera. No era una aliada; no
había ninguna razón por la que se pusiera de su parte, aunque parecía
claramente desinteresada en la política del Consejo. De hecho, la mayoría
de las veces ella no parecía estar escuchándolos en absoluto.
—Según Zara, Arthur ha estado encerrado en su oficina con la
puerta cerrada desde que nos fuimos —dijo Diana.
—Yo también lo estaría si tuviera que soportar a Zara —dijo Dru.
312
—Todavía no entiendo por qué Arthur no vino contigo —resopló
Evelyn. — Él vivía en este Instituto. Creería que no le importaría hacer una
visita.
—Mira el lado bueno, Livvy —dijo Diana. — Cuando Julian y los
demás regresen de donde están, es muy probable que vayan
directamente a Los Ángeles. ¿Quieres que encuentren un Instituto vacío?
Livvy se concentró en su comida y no dijo nada. Parecía pálida y
agotada, había sombras púrpuras debajo de sus ojos. Kit había paseado
por el pasillo la noche que habían llegado a Londres, preguntándose si
quería verlo, pero él la había oído llorar a través de su puerta cuando puso
su mano en la perilla.
Se había girado y se había ido, con una sensación extraña y
opresora en su pecho. Nadie que llorara así querría que alguien se
acercara, especialmente alguien como él.
Tenía la misma sensación de opresión cuando miró a Ty a través de
la mesa y recordó cómo el otro niño había sanado su mano. Cómo la piel
de Ty había estado contra la suya. Ty estaba tenso a su manera, la
mudanza al Instituto de Londres había constituido una perturbación
importante en su rutina diaria y estaba claramente molesto. Pasó mucho
tiempo en la sala de entrenamiento, que era casi idéntica en la disposición
a su contraparte de Los Ángeles. A veces, cuando estaba especialmente
estresado, Livvy ponía sus manos sobre las suyas y las frotaba de manera
natural. La presión parecía tranquilizarlo. Sin embargo, en ese momento Ty
estaba tenso y distraído, como si se hubiera doblado en sí mismo de
alguna manera.
—Podríamos ir a Baker Street —dijo Kit, sin siquiera saber que iba a
decirlo. — Estamos en Londres.
Ty alzó la vista y sus ojos grises brillaron. Livvy le había dicho a Kit que
Ty tardaba mucho en acostumbrarse a nuevos alimentos y nuevos sabores.
Por el momento, estaba casi exclusivamente comiendo patatas.
— ¿A 221B Baker Street?
—Cuando todo el asunto con Malcolm se haya aclarado —
interrumpió Diana. — Hasta entonces no habrá Blackthorns fuera del
Instituto, Herondales tampoco. No me gustó la forma en que Malcolm te
miró, Kit —se puso de pie. — Estaré en el salón. Necesito enviar un mensaje
de fuego.
313
Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Tavvy, que miraba el aire
junto a su silla de una manera que Kit encontró francamente alarmante, se
rio. Todos se volvieron para mirarlo con sorpresa. El más joven de los
Blackthorn no había reído mucho últimamente.
Supuso que no podía culpar al chico. Julian era lo más cercano a un
padre que Tavvy tenía. Kit sabía lo que era la falta de un padre, y no tenía
siete años.
—Jessie —replicó Evelyn, y por un momento Kit miró a su alrededor,
como si la persona con la que hablaba estuviera en la habitación con
ellos. — Deja al niño solo. Ni siquiera te conoce —miró alrededor de la
mesa. — Todos piensan que son buenos con los niños. Pocos saben cuando
no lo son —tomó un bocado de zanahoria. — Yo no lo soy —dijo, mirando
alrededor de la comida. — Nunca he sido capaz de soportar a los niños.
Kit puso los ojos en blanco. Tavvy miró a Evelyn como si estuviera
pensando en lanzarle un plato.
—También podrías llevar a Tavvy a la cama, Dru —dijo Livvy
apresuradamente. — Creo que ya hemos terminado de cenar aquí.
—Seguro. ¿Por qué no? No es que no haya encontrado ropa para él
esta mañana o que lo haya acostado anoche. Podría ser su sirviente —dijo
Dru bruscamente, luego apartó a Tavvy de su silla y salió de la habitación,
arrastrando a su hermano menor detrás de ella.
Livvy se llevó las manos a la cabeza. Ty la miró y dijo:
—No tienes que cuidar de todo el mundo, ¿sabes?
Livvy resopló y miró a su hermano gemelo.
—Es justo… sin Jules, soy la mayor. Por unos minutos, en cualquier
caso.
—Diana es la mayor —dijo Ty. Nadie mencionó a Evelyn, que se
había puesto un par de gafas en la nariz y estaba leyendo un periódico.
—Pero ella tiene mucho más que hacer que cuidar de nosotros…
Quiero decir, cuidar de las cosas pequeñas —dijo Livvy. — Nunca lo había
pensado antes, todo lo que Julian hace por nosotros, es mucho. Siempre
nos mantiene unidos y se ocupa de nosotros y ni siquiera entiendo cómo...
Se oyó el sonido de una explosión. La cara de Ty se asustó. Estaba
claro que estaba escuchando un ruido que había oído antes.
314
—Livvy —dijo Ty. — El Salón de los Acuerdos…
El ruido ahora sonaba menos que una explosión, y más como un
trueno, un trueno que se apoderaba del cielo. Un sonido como nubes que
se rasgaban, como si una tela estuviera desgarrándose.
Dru irrumpió en la habitación, Tavvy justo detrás de ella.
—Son ellos —dijo. — No lo creerás, pero tienes que venir, rápido. Los
vi volar… subí al tejado.
— ¿Quiénes? —Livvy estaba de pie; todos lo estaban, excepto
Evelyn, que todavía estaba leyendo el periódico. —Quién está en el
tejado, Dru?
Dru sujetó a Tavvy en sus brazos.
—Todos —dijo ella, con los ojos brillantes.
*** ***
El techo del Instituto era de teja, extendiéndose ancho y plano hasta
una barandilla de hierro forjado a la altura de la cintura. Los remates de los
pasamanos estaban cubiertos de lirios de hierro. A lo lejos, Kit podía ver la
brillante cúpula de San Pablo, familiar por miles de películas y programas
de televisión.
Las nubes eran pesadas, del color del hierro, rodeando la cima del
Instituto como nubes alrededor de una montaña. Kit apenas podía ver las
calles debajo. El aire era agrio como tormenta de verano.
Todos habían ido al tejado excepto Evelyn y Bridget. Diana estaba
ahí, con el brazo cuidadosamente acunado. Los ojos grises de Ty estaban
fijos en el cielo.
—Allí —dijo Dru, señalando. — ¿Lo ven?
Cuando Kit miró fijamente, el glamour desapareció. De repente fue
como si una pintura o una película hubiera cobrado vida. Sólo que las
películas no te causaban eso, ese enredo visceral de asombro y miedo. Las
películas no te daban el olor de la magia en el aire, chisporroteando como
un rayo, o las sombras proyectadas en una gran cantidad de criaturas
increíblemente elevadas por encima del cielo. No te daban la luz de las
estrellas sobre el cabello rubio de una muchacha mientras se deslizaba
chillando de la emoción y la felicidad en la parte trasera de un caballo
315
volador y aterrizaba en un tejado en Londres. No te daban la mirada en las
caras de los Blackthorns cuando vieron a sus hermanos y amigos volviendo
a ellos.
Livvy saltó hacia Julian, lanzándole los brazos alrededor del cuello.
Mark se arrojó de su caballo y medio se desplomó para encontrarse
abrazado fuertemente por Dru y Tavvy. Ty vino más calladamente, pero
con la misma felicidad incandescente en su rostro. Esperó a que Livvy
terminara de casi estrangular a su hermano y luego se acercó a tomar las
manos de Julian.
Y Julian, a quien Kit siempre había imaginado como un modelo del
control y distancia casi aterradora, agarró a su hermano y lo estrechó con
las manos en la parte de atrás de la camisa de Ty. Tenía los ojos cerrados y
Kit tuvo que apartar la mirada de su rostro.
Nunca había tenido a nadie más que a su padre, y estaba seguro,
más allá de cualquier palabra, de que su padre nunca lo había amado así.
Mark se acercó a sus hermanos y Ty se volvió para mirarlo. Kit le oyó
decir:
—No estaba seguro de que regresarías.
Mark apoyó la mano en el hombro de su hermano y habló con
brusquedad.
—Siempre volveré a ti, Tiberius. Lo siento si alguna vez te he hecho
creer lo contrario.
Había otros dos recién llegados entre los Blackthorns, a los que Kit no
reconocía: un muchacho de cabello azul y negro que ondeaba en torno a
su rostro anguloso y un hombre enorme y de hombros anchos que llevaba
un casco alarmante con cuernos tallados que sobresalían desde cualquier
lado. Ambos se sentaron en silencio sobre sus caballos, sin desmontar. ¿Una
escolta de hadas, tal vez, para mantener a los demás seguros? Pero,
¿cómo habían conseguido los Blackthorns y Emma un favor así?
Por otra parte, si alguien podía conseguir algo así, era Julian
Blackthorn. Como decía el padre de Kit acerca de varios criminales, Julian
era el tipo de persona que podía descender al infierno y salir con el diablo
mismo debiéndole un favor.
Diana abrazaba a Emma y a Cristina, con lágrimas brillando en su
rostro. Sintiéndose torpemente fuera de lugar en la reunión, Kit se dirigió al
316
borde de la barandilla. Las nubes se habían despejado y podía ver el
Puente del Milenio desde allí, iluminado por los colores del arco iris. Un tren
se sacudió sobre otro puente, arrojando su reflejo en el agua.
— ¿Quién eres? —dijo una voz en su codo. Kit se dio la vuelta. Era
una de las dos hadas que había notado antes, el que fruncía el ceño. Su
cabello oscuro, de cerca, parecía menos negro y más como una mezcla
de verdes y azules profundos. Lo apartó un poco de la cara, frunciendo el
ceño; tenía una boca amplia, ligeramente desigual, pero sus ojos eran
mucho más interesantes. Al igual que los de Mark eran de dos colores
diferentes. Uno era como la plata de un escudo pulido; el otro era un
negro tan oscuro que su pupila era apenas visible.
—Kit —dijo Kit.
El muchacho con el pelo del color del océano asintió.
—Soy Kieran —dijo. — Kieran Cazador.
Kit sabía que Cazador no era un verdadero nombre de hada. Las
hadas no daban generalmente sus verdaderos nombres, pues otorgaban
el poder sobre ellos; Cazador sólo denotaba lo que era, de la forma en
que los nixies se llamaban a sí mismos Nacidos en el Agua.
Kieran era de la Cacería Salvaje.
—Huh —dijo Kit, pensando en la Paz Fría. — ¿Eres un prisionero?
—No —dijo el hada. — Soy el amante de Mark.
Oh, pensó Kit. La persona que entró a salvar a Feéra. Trató de
ahogar una mirada de diversión por el modo en que las hadas hablaban.
Intelectualmente, sabía que la palabra "amante" era parte del lenguaje
tradicional, pero no podía evitarlo: era de Los Ángeles, y en lo que a él
concernía, Kieran acababa de decir: Hola, tengo relaciones sexuales con
Mark Blackthorn. ¿Qué hay de ti?
—Pensé que Mark estaba saliendo con Emma —dijo Kit.
Kieran parecía confundido. Algunos de los rizos de su cabello parecían
oscurecerse, o tal vez era un truco de la luz.
—Creo que debes estar equivocado —dijo.
Kit levantó una ceja. ¿Qué tan cercano era este tipo de Mark,
después de todo? Quizás acababan de tener una aventura sin sentido. Sin
317
embargo, por qué Mark habría arrastrado a la mitad de su familia a Feéra
para salvarlo era un misterio.
Antes de que pudiera decir algo, Kieran giró la cabeza, desviando su
atención.
—Esa debe ser la encantadora Diana —dijo, señalando hacia la
tutora de los Blackthorns. — Gwyn está embelesado con ella.
— ¿Gwyn es el tipo grande? ¿El del casco con cuernos? —preguntó
Kit. Kieran asintió con la cabeza, observando cómo Gwyn desmontaba su
caballo para hablar con Diana, que parecía muy pequeña contra su
tamaño, aunque era una mujer alta.
—La Providencia nos ha unido de nuevo —dijo Gwyn.
—No creo en la providencia —dijo Diana. Ella parecía incómoda, un
poco alarmada. Estaba sujetando su brazo herido contra ella. — O en un
cielo intervencionista.
—Hay más cosas en el cielo y en la tierra —dijo Gwyn—, de lo que se
sueña en tu filosofía.
Kit resopló. Diana parecía estupefacta.
— ¿Estás citando a Shakespeare? —dijo. — Hubiera pensado que al
menos era Sueño de una noche de verano.
—Las hadas no soportan Sueño de una noche de verano —murmuró
Kieran. — Todo se pone mal.
Los labios de Gwyn se contrajeron en las esquinas.
—Hablando de sueños —dijo. —Has estado en los míos y con
frecuencia.
Diana parecía aturdida. Los Blackthorns habían calmado su ruidosa
reunión y la observaban a ella y a Gwyn con una curiosidad descarada.
Julian sonreía un poco; estaba sosteniendo a Tavvy, que tenía los brazos
enganchados alrededor del cuello de su hermano, aferrado como un
koala.
—Me gustaría que me conocieras formalmente para cortejarte —dijo
Gwyn. Sus grandes manos se movían sin rumbo a sus costados, y Kit se dio
cuenta con una conmoción de que estaba nervioso. Ese hombre grande y
musculoso, el líder de la Cacería Salvaje, nervioso. —Podríamos ir juntos a
matar un gigante helado, o devorar un ciervo.
318
—No quiero hacer ninguna de esas cosas —dijo Diana al cabo de un
momento. Gwyn parecía desanimado. —Pero saldría contigo —dijo ella,
sonrojándose. — Preferentemente a un buen restaurante. Trae flores, no el
casco.
Los Blackthorns se echaron a aplaudir. Kit se apoyó contra la pared
con Kieran, que sacudía la cabeza con asombro.
—Y así fue como el orgullo del líder de la Cacería fue derribado por
amor —dijo. — Espero que haya una balada sobre ello algún día.
Kit miró a Gwyn, que estaba ignorando los aplausos mientras
preparaba a sus caballos para irse.
—No te pareces a los otros Blackthorns —dijo Kieran después de un
momento. — Tus ojos son azules, pero no como el azul del océano. Sino de
un cielo común.
Kit se sintió insultado.
—No soy un Blackthorn —dijo. —Soy un Herondale. Christopher
Herondale.
Él esperó. El nombre Herondale parecía producir una reacción
explosiva en la mayoría de los habitantes del mundo sobrenatural. El
muchacho con el cabello como el océano, sin embargo, no pestañeó.
—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí, si no eres un familiar? —
preguntó.
Kit se encogió de hombros.
—No lo sé. No pertenezco aquí, eso es seguro.
Kieran le dio una sonrisa de lado.
—Ya somos dos.
*** ***
Finalmente se reunieron en el salón, la habitación más cálida de la
casa. Evelyn ya estaba allí, murmurando junto al fuego que ardía en la
parrilla; a pesar de que era finales del verano, Londres estaba húmeda y
fría. Bridget trajo sándwiches de atún y maíz dulce, pollo y tocino, y los
recién llegados se hundieron en ellos como si estuvieran muriendo de
319
hambre. Julian tuvo que comer torpemente con la mano izquierda,
equilibrando a Tavvy en su regazo con la otra.
La sala había envejecido mejor que muchas de las otras
habitaciones del Instituto. Tenía un alegre papel tapiz floreado, sólo un
poco descolorido, y unos muebles antiguos magníficos que alguien había
escogido con cuidado: un escritorio precioso, otro muy delicado, cómodos
sillones de terciopelo y sofás agrupados alrededor de la chimenea. Incluso
la pantalla del fuego estaba hecha de hierro forjado, con dibujos de
garzas aladas, y cuando el fuego brillaba a través de ella, la sombra de los
pájaros era lanzada contra la pared como si estuvieran volando.
Kieran no parecía muy emocionado con los sándwiches. Los tocó
con desconfianza y luego los separó, comiendo sólo los tomates, mientras
Julian explicaba lo que había sucedido en Feéra: su viaje a la corte
Noseelie, el encuentro con la Reina, la plaga en la tierra Noseelie.
—Había lugares quemados, blancos como cenizas, como la
superficie de la luna —dijo Mark, con los ojos oscuros de angustia. Kit hizo su
mejor esfuerzo para seguir la historia, pero era como si intentara subirse a
una montaña rusa con frenos defectuosos… Frases como "vidrio de
escrutinio", "Campeón Noseelie" y "Libro Negro de los Muertos” lanzaba sus
pensamientos fuera de la pista.
— ¿Cuánto tiempo pasó para ellos? —susurró finalmente a Ty, que
estaba sentado a su lado con Livvy, en un asiento demasiado pequeño
para los tres.
—Suena como unos pocos días menos que los que pasaron para
nosotros —dijo Ty. — Un pequeño desliz de tiempo, pero no mucho. El collar
de Cristina parece haber funcionado.
Kit silbó entre dientes.
— ¿Y quién es Annabel?
—Era una Blackthorn —dijo Ty. — Murió, pero Malcolm la trajo de
vuelta.
— ¿De entre los muertos? —dijo Kit. — Eso es… eso es necromancia.
—Malcolm era un nigromante —señaló Ty.
Livvy dio un codazo a Kit, que estaba perdido en sus pensamientos.
La necromancia no era sólo un arte prohibido en el Mercado de las
Sombras, era un tema prohibido. El castigo por resucitar a los muertos era
320
la muerte. Si los Cazadores de Sombras no te atrapaban, otros
Subterráneos lo harían, y la forma en que morirías no sería bonita.
Traer de vuelta a los muertos, Johnny Rook siempre había dicho,
deformaba el tejido de la vida, de la misma manera que los seres humanos
inmortales lo hacían. Invita a la muerte, y la muerte se quedará. ¿Podría
alguien traer de vuelta a los muertos y hacer que funcionara? Kit le había
preguntado una vez. ¿Incluso el mago más poderoso?
Dios, había dicho Johnny, después de una muy larga pausa. Dios
podría hacer eso. Y aquellos que resucitan a los muertos pueden pensar
que son Dios, pero pronto descubrirán la mentira en la que creyeron.
— ¿El director del Instituto de Los Ángeles está muerto? —exclamó
Evelyn, dejando caer los restos de su sándwich en una mesa
probablemente muy cara.
Kit realmente no la culpaba por su sorpresa. Los Blackthorns no
actuaron como una familia dolorida por la muerte de un tío querido. Más
bien parecían aturdidos y desconcertados. Pero en su momento, se habían
comportado con Arthur casi como si fueran extraños.
— ¿Por eso quería quedarse en Los Ángeles? —preguntó Livvy, con
las mejillas enrojecidas. — Así que podría sacrificarse… ¿por nosotros?
—Por el Ángel —Diana tenía la mano contra su pecho. — No había
respondido a ninguno de mis mensajes, pero eso no era inusual. Sin
embargo, para que Zara lo no notara…
—Tal vez lo hizo, tal vez no lo hizo —dijo Livvy. — Pero es mejor para
sus planes si está fuera del camino.
— ¿Qué planes? —dijo Cristina. — ¿Qué quieres decir con los planes
de Zara?
Era hora de otra larga explicación, esta vez de las cosas que Kit ya
conocía.
Evelyn se había dormido en frente de la chimenea y estaba
roncando. Kit se preguntó cuánto valía la parte superior de su bastón
hecho de plata. ¿Era plata real, o simplemente chapada?
—Por el Ángel —dijo Cristina, cuando terminaron la explicación.
Julian no dijo nada; Emma dijo algo impronunciable. Mark se inclinó hacia
delante, con un rubor en sus mejillas.
321
—Déjame entender bien —dijo. — Zara y su padre quieren dirigir el
Instituto de Los Ángeles para así poder impulsar su agenda antiSubterráneos.
Las nuevas Leyes probablemente se aplicarían a mí y a
Helen. Ciertamente a Magnus, a Catarina, a todos los Subterráneos que
conocemos, no importa cuán leales sea.
—Sé de su grupo —dijo Diana. — Ellos no creen en la lealtad de los
Subterráneos.
— ¿Cuál es su grupo? —preguntó Emma.
—La Cohorte —dijo Diana. — Son una facción bien conocida en el
Consejo. Como todos los grupos que existen principalmente para odiar,
creen que hablan por una mayoría silenciosa, que todos desprecian a los
Subterráneos como ellos. Creen que la oposición a la Paz Fría es una
cobardía moral o, en el mejor de los casos, se quejan de quienes se sienten
intimidados por ella.
— ¿Incomodados? —dijo Kieran. No había expresión en su voz, sólo
la palabra, colgando allí en la habitación.
—No son inteligentes —dijo Diana. — Pero son fuertes y viciosos, y han
asustado a muchas personas mejores llevándolas al silencio. No cuentan
con un director de Instituto entre ellos, pero sí lo hicieran...
—Esto está mal —dijo Emma. — Antes, tendrían que haber
demostrado que Arthur no era apto para dirigir un instituto. Ahora está
muerto. El lugar está abierto. Todo lo que tienen que hacer es esperar a la
próxima reunión del Consejo y hacer avanzar a su candidato.
—Y están en una buena posición para ello —Diana se había
levantado y comenzaba a caminar. — La Clave está enormemente
impresionada con Zara Dearborn. Creen que ella y sus Centuriones
derrotaron la amenaza de los demonios marinos por su cuenta propia.
—Los demonios desaparecieron porque Malcolm murió de nuevo, y
con suerte esta vez para siempre —dijo Livvy furiosamente. — Nada de eso
es por causa de Zara. ¡Está tomando crédito por lo que hizo Arthur!
—Y no hay nada que podamos hacer al respecto —dijo Julian. —
Aún no. Se darán cuenta de que Arthur está muerto o desaparecido muy
pronto, pero incluso el abandono de su puesto sería motivo para
reemplazarlo. Y no podemos decir cómo o por qué murió.
322
—Porque la única razón por que sabemos es gracias a la Reina Seelie
—dijo Emma en voz baja, mirando a la dormida Evelyn.
—Annabel es la clave para encontrar el Libro Negro —dijo Julian. —
Necesitamos ser los únicos que la busquen en este momento. Si la Clave la
encuentra primero, nunca conseguiremos el libro para la Reina.
—Cuando estuvimos de acuerdo con el plan de la Reina, sin
embargo, no sabíamos nada de la Cohorte —dijo Mark, preocupado. — ¿Y
si no hay tiempo para encontrar el Libro antes de que la Cohorte haga su
movimiento?
—Tendremos que encontrar el libro más rápido —dijo Julian. — No
podemos enfrentar a los Dearborns en una reunión del Consejo. ¿Qué mal
ha hecho Zara, de acuerdo con la Clave? Arthur no estaba calificado
para dirigir un Instituto. Muchos miembros del Consejo odian a los
Subterráneos. Ella quiere dirigir un Instituto para poder iniciar una mala ley.
No sería la primera. Ella no está rompiendo las reglas. Nosotros…
Kit sintió un leve temblor subir por su espina dorsal. Por un momento,
Julian había sonado como el padre de Kit. El mundo no es de la forma en
que quieres que sea. Es de la manera que es.
— ¿Entonces se supone que finjamos que no sabemos lo que Zara
está haciendo? —Emma frunció el ceño.
—No —dijo Diana. — Voy a ir a Idris. Voy a hablar con la Cónsul.
Todos la miraron, con los ojos muy abiertos, todos excepto Julian, que
no parecía sorprendido, y Kieran, que seguía mirando su comida.
—Lo que Zara propone significaría que la hija de Jia estaría casada
con uno de los Subterráneos que van a ser registrados. Jia sabe a qué
conduciría eso. Sé que se reunirá conmigo. Si puedo razonar con ella…
—Aceptó la Paz Fría —dijo Kieran.
—No tenía elección —dijo Diana. — Si se le hubiera advertido de lo
que vendría, me gustaría pensar que habría resultado de otra manera. Esta
vez, ella tendrá una advertencia. Además… tenemos algo que ofrecerle
ahora.
—Así es —dijo Julian, señalando a Kieran. — El fin de la Paz Fría. Un
mensajero de las hadas de la Reina Seelie.
Evelyn, que había estado durmiendo junto al fuego, se puso de pie.
323
—Esto es suficiente —señaló con el puño a Kieran. — Puedo aceptar
un Blackthorn en esta casa, incluso uno con una línea de sangre
cuestionable. Siempre aceptaré un Blackthorn. ¿Pero un hada de sangre
pura? ¿Escuchando asuntos de los Nefilim? No lo permitiré.
Kieran la miró sobresaltado brevemente. Luego se puso de pie. Mark
también empezó a levantarse. Y Julian se quedó exactamente donde
estaba.
—Pero Kieran es parte de nuestro plan...
—Tonterías sin sentido. ¡Bridget! —llamó, y la sirvienta, que
claramente había estado al acecho en el pasillo, metió la cabeza en la
habitación. — Por favor, guía al príncipe a una de las habitaciones libres.
Tendré tu palabra, hada, de que no saldrás hasta que te lo permitan.
Kieran miró a Cristina.
— ¿Cuál es tu deseo, mi señora?
Kit estaba desconcertado. ¿Por qué Kieran, un príncipe de la
nobleza, recibía órdenes de Cristina?
Ella se ruborizó.
—No hace falta jurar que no saldrás de la habitación —dijo. —
Confío en ti.
— ¿De verdad? —dijo Emma, sonando fascinada. Kieran le dio una
dura mirada y se marchó.
Los murmullos de Bridget podían ser escuchados por todos cuando
condujo a Kieran por la puerta.
—Hadas en el Instituto —murmuró. — Fantasmas son una cosa, brujos
son otra, pero nunca en todos mis días desde que nací…
Drusilla parecía perpleja.
— ¿Por qué Kieran está aquí? —dijo, tan pronto como se fue. —
Pensé que lo odiábamos. Quiero decir, salvó nuestras vidas, pero sigue
siendo un idiota.
Hubo un murmullo de voces. Kit recordó algo que había oído que
Livvy le decía a Dru hacía un día o dos. Más piezas del rompecabezas de
Kieran: Livvy se había enfadado porque Mark se fuera a Feéra para ayudar
324
a alguien que lo había herido. Había herido a Emma y a Julian. Kit no sabía
exactamente lo que había sucedido, pero claramente había sido malo.
Emma se había movido para sentarse en el sofá junto a Cristina.
Había llegado con un vestido pálido y gomoso que parecía algo que Kit
habría visto en el Mercado de las Sombras. La hacía parecer delicada y
elegante, pero Kit recordó la fuerza de acero que había en ella, la forma
en que había separado los demonios mantis de él en su casa con toda la
calma de una novia cortando rebanadas de su pastel de bodas.
Julian estaba escuchando tranquilamente charlar a su familia.
Aunque no estaba mirando a Emma, una energía casi visible crujió entre
ellos. Kit recordó la manera en que Emma le había dicho este no es un
lugar para Julian a su padre, una de las primeras cosas que le había oído
decir a ella en el Mercado, y la forma en que su voz parecía abrazar las
sílabas de su nombre.
Los parabatai eran extraños. Tan cercanos, y sin embargo no eran un
matrimonio, pero eran más que mejores amigos. No había ninguna
analogía igual en el mundo mundano. Y lo atraía esa idea de estar
conectado a alguien así, de la manera en que todas las cosas peligrosas y
hermosas del mundo de los Cazadores de Sombras lo atraían.
Tal vez Ty….
Julian se puso de pie, dejando a Tavvy en un sillón. Estiró los brazos,
haciendo crujir sus muñecas.
—Lo que sucede es que necesitamos a Kieran —dijo.
Evelyn resopló.
—No imagino para qué necesitas un hada —dijo— Para nada.
Julian susurró algo en el oído de Tavvy. Un momento después se puso
en pie.
—Señorita Highsmith —dijo Julian. — Mi hermano pequeño está
agotado, pero dice que no sabe dónde está su dormitorio. ¿Puede
enseñárselo?
Evelyn pasó una mirada irritada de Julian a Tavvy, que le sonrió
angelicalmente, mostrando sus hoyuelos
— ¿No puedes escoltar tú al niño?
325
—Acabo de llegar —dijo Julian. — No sé dónde está la habitación —
añadió con su propia sonrisa igual a la de Tavvy. Julian podía irradiar
encanto cuando quería; Kit casi lo había olvidado.
Evelyn miró a su alrededor para ver si había voluntarios para hacerse
cargo de él; nadie se movió.
Finalmente, con un resoplido disgustado, ella chasqueó los dedos a
Tavvy y dijo:
—Bueno, vamos, niño —y salió de la habitación con él a cuestas.
La sonrisa de Julian se torció. Kit no pudo evitar la sensación de que
Julian había usado a Evelyn para deshacerse de Kieran, y a Tavvy para
deshacerse de Evelyn, y lo hizo fácilmente que nadie jamás podría
probarlo.
Si Julian hubiera querido dedicarse a la estafa y al crimen, pensó Kit,
habría sido excelente.
—Necesitamos que Kieran negocie con la Clave —dijo Julian, como
si nada hubiera pasado. — Cuando lo encontramos en Feéra, su padre
estaba a punto de matarlo. Se escapó, pero nunca estará a salvo mientras
el Rey Noseelie se siente en el trono —se pasó las manos por el cabello
alborotado; Kit se preguntó cómo Julian guardaba todo en su cabeza:
planes, tramas, secretos, verdades.
—Y la Reina quiere que el Rey salga del trono —dijo Emma. — Ella
está dispuesta a ayudarnos a reemplazarlo con el hermano de Kieran, pero
Kieran tuvo que prometerlo para convencerla.
— ¿El hermano de Kieran sería mejor que el Rey que tienen ahora
mismo? —preguntó Dru.
—Sería mejor —confirmó Emma. — Por extraño que parezca.
—Kieran también testificará ante el Consejo —dijo Julian. — Traerá el
mensaje de la Reina acerca de cómo está dispuesta a aliarse con nosotros
para derrotar al Rey. Puede confirmar para el Consejo lo que el Rey está
haciendo en las Tierras Noseelie...
—Pero tú podrías decirles eso —dijo Kit.
—No quisiéramos arriesgarnos a la ira de la Clave por habernos
aventurado en la Tierra de las Hadas —dijo Julian. — Por no mencionar que
326
aunque saliéramos de eso, no habrá perdón por haber concertado un
trato con la Reina Seelie.
Kit tenía que admitir que Julian tenía razón. Sabía en cuánto se
habían metido los Blackthorns para negociar con la comitiva de hadas
que les había devuelto a Mark. La Reina Seelie era otro nivel de lo
prohibido. Era como recibir una bofetada en la muñeca por encender una
luz roja y luego volver al día siguiente y volar toda la calle.
—Kieran es su pase libre de la cárcel —dijo.
—No es sólo sobre nosotros —dijo Emma. — Si el Consejo lo
escuchara, podrían terminar con la Paz Fría. De hecho, tendrían que
hacerlo. Tendrán que creerlo, no puede mentir, y si la Reina está dispuesta
a pelear contra el Rey Noseelie junto a la Clave, no creo que puedan
rechazarla.
—Lo que significa que tenemos que mantener a salvo a Kieran —dijo
Julian. — También tenemos que hacer lo posible para no antagonizarlo.
— ¿Porque está haciendo esto por Mark? —dijo Dru.
—Pero Mark terminó con él —dijo Livvy, y luego miró a su alrededor,
alarmada. Su cola de caballo cepilló el hombro de Kit. — ¿Eso es algo que
no debía decir?
—No —dijo Mark. — Es la verdad. Pero… Kieran no lo recuerda.
Cuando el Tribunal Noseelie lo torturó, perdió algunos de sus recuerdos. No
recuerda haber llevado un enviado al Instituto, ni a Emma ni a Julian
siendo azotados, ni a qué peligro nos sometió con su prisa y su cólera —
miró sus manos entrelazadas. — Y no debemos decirle.
—Pero… Emma —dijo Livvy. — ¿Se supone que finjamos que ella y
Mark no salen?
Kit se inclinó cerca de Ty. Ty olía a tinta y lana.
—No entiendo nada de esto.
—Tampoco yo —Ty susurró de vuelta. — Es muy complicado.
—Mark y yo —dijo Emma, mirando fijamente a Mark— terminamos.
Kit se preguntó si Mark lo sabía. No pudo esconder la expresión de
asombro en su rostro.
327
—Simplemente no funcionó —continuó Emma. — Así que está bien,
lo que Mark necesite hacer.
— ¿Han roto? —susurró Livvy. Ty se encogió de hombros,
desconcertado. Livvy se había tensado y miraba a Emma y a Mark,
claramente preocupada.
— ¿Tenemos que dejar que Kieran piense que él y Mark siguen
saliendo? —preguntó Ty, desconcertado. Kit sentía que todo estaba más
allá de él también, pero entonces analizó que Enrique VIII había
decapitado a varias de sus esposas por razones aparentemente
gubernamentales. Lo personal, lo político y lo romántico estaban a
menudo extrañamente entrelazados.
—Ocultar esas cosas de Kieran no es lo ideal —dijo Julian con las
manos en los bolsillos. — Y odio pedirles que mientan. Probablemente es
mejor evitar el tema. Pero, literalmente, no hay otra manera de asegurarse
de que realmente se presente ante la Clave.
Mark se sentó, pasando los dedos por su pelo rubio de una manera
distraída. Kit pudo oírle decir: Estoy bien, está bien, a Cristina. Sintió una
oleada de extraña simpatía, no por Mark, sino por Kieran. Kieran, que no
sabía que su novio no era realmente su novio, que estaba durmiendo en
una casa llena de gente que, por simpática que pareciera, le mentía para
conseguir algo que necesitaba.
Pensó en la frialdad que había visto en Julian en el Mercado de las
Sombras. Julian, quien sacrificaría a Kieran, y tal vez a su propio hermano
de alguna manera, para conseguir lo que quería.
Incluso si era una buena causa. Incluso si era el final de la Paz Fría. Kit
miró a Julian, observando el fuego de la sala con ojos insondables, y
sospechó que había más.
En lo que se refería a Julian Blackthorn, siempre habría más
Amigos por mucho tiempo
Traductora: S/ Nat.
Correctora: Vicky Dondena
Revisora final: Jennifer García
Ejército Nephilim Latinoamérica
Kit nunca había pensado que podría poner un pie en un
Instituto de Cazadores de Sombras. Ahora había comido y dormido en dos.
Si esto continuaba, iba a convertirse en un hábito.
El Instituto de Londres era exactamente de la forma en que lo habría
imaginado, si alguna vez se le hubiese pedido que lo imaginara, cosa que,
sin duda, no había hecho. Ubicado en una enorme iglesia de piedra
antigua, le faltaba la brillante modernidad de su contraparte en Los
Ángeles. Parecía que no había sido renovado en ochenta años, las
habitaciones estaban pintadas en pasteles eduardianos, que se habían
desvanecido durante décadas en colores suaves y confusos. El agua
caliente era irregular, las camas eran bultos, y había polvo forrando las
superficies de la mayoría de los muebles.
Sonaba, de pedazos y fragmentos que Kit había oído, como si
alguna vez el Instituto de Londres hubiera tenido más gente en él. Había
sido atacado por Sebastian Morgenstern durante la Guerra Oscura, y la
mayoría de los antiguos habitantes nunca habían regresado.
La directora del Instituto parecía casi tan antigua como el edificio. Su
nombre era Evelyn Highsmith. Kit tenía la sensación de que los Highsmiths
tenían gran importancia en la sociedad Nefilim, aunque no era tanto
como los Herondales. Evelyn era una imperiosa mujer alta con cabello
blanco, de unos ochenta años, que usaba largos vestidos al estilo de los
años 40, llevaba un bastón de plata y algunas veces hablaba con
personas que no estaban allí.
Sólo otra persona parecía vivir en el Instituto: la criada de Evelyn,
Bridget, que era tan antigua como su señora. Tenía el cabello teñido de
rojo brillante y mil arrugas finas. Siempre estaba apareciendo en lugares
inesperados, lo que era un inconveniente para Kit, que estaba de nuevo a
la espera de cualquier cosa que pudiera robar. No era una misión que
estuviera yendo bien; la mayor parte de lo que parecía valioso eran los
muebles, y no podía imaginar cómo se suponía que escapara del Instituto
llevando un aparador. Las armas estaban cuidadosamente guardadas
310
bajo llave, no sabía cómo vender candelabros en la calle y, aunque
existían valiosas primeras ediciones de libros en la enorme biblioteca, la
mayoría de ellas habían sido garabateadas por un idiota llamado Will H.
La puerta del comedor se abrió y entró Diana. Se estaba sosteniendo
un brazo: Kit había descubierto que algunas lesiones de Cazador de
Sombras, especialmente las que involucraban veneno demoníaco o icor,
sanaban lentamente a pesar de las runas.
Livvy se animó al ver a su tutora. La familia se había reunido para la
cena, que se servía en una larga mesa en un enorme comedor victoriano.
En algún momento, ángeles habían sido pintados en el techo, pero hacía
mucho tiempo que estaban cubiertos de polvo y manchas de viejas
quemaduras.
— ¿Has oído algo de Alec y Magnus?
Diana sacudió la cabeza, tomando asiento frente a Livvy. Livvy
llevaba un vestido azul que parecía haber sido robado del estudio de una
película de época de la BBC. A pesar de que habían huido del Instituto LA
sin ninguna de sus pertenencias, resultó que había ropa de hace años en
Londres, aunque ninguno parecía haber sido comprado después de 1940.
Evelyn, Kit y la familia Blackthorn se sentaron alrededor de la mesa con un
extraño surtido de ropa: Ty y Kit con pantalones y camisas de manga larga,
Tavvy con una camisa de algodón y pantalones cortos y Drusilla con un
vestido de terciopelo negro que le había encantado por su atractivo
gótico. Diana había rechazado todas las prendas y simplemente lavó a
mano sus propios vaqueros y su camisa.
— ¿Y la Clave? —preguntó Ty— ¿Has hablado con la Clave?
— ¿Alguna vez son útiles? —Kit murmuró entre dientes. No creía que
alguien lo hubiera oído, pero alguien debió hacerlo, porque Evelyn se echó
a reír.
—Oh, Jessamine —le dijo a la nada. — Vamos, eso no es de buen
gusto.
Los Blackthorns levantaron sus cejas el uno al otro. Sin embargo,
nadie comentó nada, dado que Bridget había aparecido desde la cocina,
llevando platos humeantes de carne y verduras, los cuales habían sido
hervidos hasta el punto de quedar insípido.
311
—Simplemente no veo por qué no podemos ir a casa —dijo Dru
tristemente. — Si los Centuriones derrotaron a todos los demonios del mar,
como dijeron...
—No significa que Malcolm no regrese —dijo Diana. — Y es sangre
Blackthorn lo que quiere. Te quedarás dentro de estas paredes, y eso es
definitivo.
Kit se había desmayado durante la horrible cosa que llamaban un
viaje en Portal, el terrible giro absolutamente helado a través de la nada,
de modo que se había perdido la escena que debía de haber ocurrido
cuando aparecieron en el Instituto de Londres, sin Arthur, y Diana había
explicado que estaban allí para quedarse.
Diana se había puesto en contacto con la Clave para contarles
sobre las amenazas de Malcolm, pero Zara había estado allí primero. Al
parecer, ella había asegurado al Consejo que los Centuriones tenían todo
bajo control, que eran mejores que Malcolm y su ejército, y la Clave había
estado demasiado feliz de tomar la palabra de ella.
Y como si la seguridad de Zara hubiera hecho efectivamente un
milagro, Malcolm no volvió a aparecer, y ningún demonio visitó la costa
occidental. Habían transcurrido dos días y no había noticias del desastre.
—Odio que Zara y Manuel estén en el Instituto sin nosotros para
vigilarlos —dijo Livvy, tirando su tenedor. — Cuanto más tiempo estén allí,
mejor justificación tendrán para que la Cohorte lo asuma.
—Ridículo —dijo Evelyn. — Arthur dirige el Instituto. No seas
paranoica, muchacha.
Livvy se estremeció. Aunque todos, incluso Dru y Tavvy, habían sido
puestos al corriente de la situación, incluyendo la enfermedad de Arthur y
la verdad sobre dónde estaban Julian y los otros en realidad, se había
decidido que era mejor que Evelyn no lo supiera. No era una aliada; no
había ninguna razón por la que se pusiera de su parte, aunque parecía
claramente desinteresada en la política del Consejo. De hecho, la mayoría
de las veces ella no parecía estar escuchándolos en absoluto.
—Según Zara, Arthur ha estado encerrado en su oficina con la
puerta cerrada desde que nos fuimos —dijo Diana.
—Yo también lo estaría si tuviera que soportar a Zara —dijo Dru.
312
—Todavía no entiendo por qué Arthur no vino contigo —resopló
Evelyn. — Él vivía en este Instituto. Creería que no le importaría hacer una
visita.
—Mira el lado bueno, Livvy —dijo Diana. — Cuando Julian y los
demás regresen de donde están, es muy probable que vayan
directamente a Los Ángeles. ¿Quieres que encuentren un Instituto vacío?
Livvy se concentró en su comida y no dijo nada. Parecía pálida y
agotada, había sombras púrpuras debajo de sus ojos. Kit había paseado
por el pasillo la noche que habían llegado a Londres, preguntándose si
quería verlo, pero él la había oído llorar a través de su puerta cuando puso
su mano en la perilla.
Se había girado y se había ido, con una sensación extraña y
opresora en su pecho. Nadie que llorara así querría que alguien se
acercara, especialmente alguien como él.
Tenía la misma sensación de opresión cuando miró a Ty a través de
la mesa y recordó cómo el otro niño había sanado su mano. Cómo la piel
de Ty había estado contra la suya. Ty estaba tenso a su manera, la
mudanza al Instituto de Londres había constituido una perturbación
importante en su rutina diaria y estaba claramente molesto. Pasó mucho
tiempo en la sala de entrenamiento, que era casi idéntica en la disposición
a su contraparte de Los Ángeles. A veces, cuando estaba especialmente
estresado, Livvy ponía sus manos sobre las suyas y las frotaba de manera
natural. La presión parecía tranquilizarlo. Sin embargo, en ese momento Ty
estaba tenso y distraído, como si se hubiera doblado en sí mismo de
alguna manera.
—Podríamos ir a Baker Street —dijo Kit, sin siquiera saber que iba a
decirlo. — Estamos en Londres.
Ty alzó la vista y sus ojos grises brillaron. Livvy le había dicho a Kit que
Ty tardaba mucho en acostumbrarse a nuevos alimentos y nuevos sabores.
Por el momento, estaba casi exclusivamente comiendo patatas.
— ¿A 221B Baker Street?
—Cuando todo el asunto con Malcolm se haya aclarado —
interrumpió Diana. — Hasta entonces no habrá Blackthorns fuera del
Instituto, Herondales tampoco. No me gustó la forma en que Malcolm te
miró, Kit —se puso de pie. — Estaré en el salón. Necesito enviar un mensaje
de fuego.
313
Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Tavvy, que miraba el aire
junto a su silla de una manera que Kit encontró francamente alarmante, se
rio. Todos se volvieron para mirarlo con sorpresa. El más joven de los
Blackthorn no había reído mucho últimamente.
Supuso que no podía culpar al chico. Julian era lo más cercano a un
padre que Tavvy tenía. Kit sabía lo que era la falta de un padre, y no tenía
siete años.
—Jessie —replicó Evelyn, y por un momento Kit miró a su alrededor,
como si la persona con la que hablaba estuviera en la habitación con
ellos. — Deja al niño solo. Ni siquiera te conoce —miró alrededor de la
mesa. — Todos piensan que son buenos con los niños. Pocos saben cuando
no lo son —tomó un bocado de zanahoria. — Yo no lo soy —dijo, mirando
alrededor de la comida. — Nunca he sido capaz de soportar a los niños.
Kit puso los ojos en blanco. Tavvy miró a Evelyn como si estuviera
pensando en lanzarle un plato.
—También podrías llevar a Tavvy a la cama, Dru —dijo Livvy
apresuradamente. — Creo que ya hemos terminado de cenar aquí.
—Seguro. ¿Por qué no? No es que no haya encontrado ropa para él
esta mañana o que lo haya acostado anoche. Podría ser su sirviente —dijo
Dru bruscamente, luego apartó a Tavvy de su silla y salió de la habitación,
arrastrando a su hermano menor detrás de ella.
Livvy se llevó las manos a la cabeza. Ty la miró y dijo:
—No tienes que cuidar de todo el mundo, ¿sabes?
Livvy resopló y miró a su hermano gemelo.
—Es justo… sin Jules, soy la mayor. Por unos minutos, en cualquier
caso.
—Diana es la mayor —dijo Ty. Nadie mencionó a Evelyn, que se
había puesto un par de gafas en la nariz y estaba leyendo un periódico.
—Pero ella tiene mucho más que hacer que cuidar de nosotros…
Quiero decir, cuidar de las cosas pequeñas —dijo Livvy. — Nunca lo había
pensado antes, todo lo que Julian hace por nosotros, es mucho. Siempre
nos mantiene unidos y se ocupa de nosotros y ni siquiera entiendo cómo...
Se oyó el sonido de una explosión. La cara de Ty se asustó. Estaba
claro que estaba escuchando un ruido que había oído antes.
314
—Livvy —dijo Ty. — El Salón de los Acuerdos…
El ruido ahora sonaba menos que una explosión, y más como un
trueno, un trueno que se apoderaba del cielo. Un sonido como nubes que
se rasgaban, como si una tela estuviera desgarrándose.
Dru irrumpió en la habitación, Tavvy justo detrás de ella.
—Son ellos —dijo. — No lo creerás, pero tienes que venir, rápido. Los
vi volar… subí al tejado.
— ¿Quiénes? —Livvy estaba de pie; todos lo estaban, excepto
Evelyn, que todavía estaba leyendo el periódico. —Quién está en el
tejado, Dru?
Dru sujetó a Tavvy en sus brazos.
—Todos —dijo ella, con los ojos brillantes.
*** ***
El techo del Instituto era de teja, extendiéndose ancho y plano hasta
una barandilla de hierro forjado a la altura de la cintura. Los remates de los
pasamanos estaban cubiertos de lirios de hierro. A lo lejos, Kit podía ver la
brillante cúpula de San Pablo, familiar por miles de películas y programas
de televisión.
Las nubes eran pesadas, del color del hierro, rodeando la cima del
Instituto como nubes alrededor de una montaña. Kit apenas podía ver las
calles debajo. El aire era agrio como tormenta de verano.
Todos habían ido al tejado excepto Evelyn y Bridget. Diana estaba
ahí, con el brazo cuidadosamente acunado. Los ojos grises de Ty estaban
fijos en el cielo.
—Allí —dijo Dru, señalando. — ¿Lo ven?
Cuando Kit miró fijamente, el glamour desapareció. De repente fue
como si una pintura o una película hubiera cobrado vida. Sólo que las
películas no te causaban eso, ese enredo visceral de asombro y miedo. Las
películas no te daban el olor de la magia en el aire, chisporroteando como
un rayo, o las sombras proyectadas en una gran cantidad de criaturas
increíblemente elevadas por encima del cielo. No te daban la luz de las
estrellas sobre el cabello rubio de una muchacha mientras se deslizaba
chillando de la emoción y la felicidad en la parte trasera de un caballo
315
volador y aterrizaba en un tejado en Londres. No te daban la mirada en las
caras de los Blackthorns cuando vieron a sus hermanos y amigos volviendo
a ellos.
Livvy saltó hacia Julian, lanzándole los brazos alrededor del cuello.
Mark se arrojó de su caballo y medio se desplomó para encontrarse
abrazado fuertemente por Dru y Tavvy. Ty vino más calladamente, pero
con la misma felicidad incandescente en su rostro. Esperó a que Livvy
terminara de casi estrangular a su hermano y luego se acercó a tomar las
manos de Julian.
Y Julian, a quien Kit siempre había imaginado como un modelo del
control y distancia casi aterradora, agarró a su hermano y lo estrechó con
las manos en la parte de atrás de la camisa de Ty. Tenía los ojos cerrados y
Kit tuvo que apartar la mirada de su rostro.
Nunca había tenido a nadie más que a su padre, y estaba seguro,
más allá de cualquier palabra, de que su padre nunca lo había amado así.
Mark se acercó a sus hermanos y Ty se volvió para mirarlo. Kit le oyó
decir:
—No estaba seguro de que regresarías.
Mark apoyó la mano en el hombro de su hermano y habló con
brusquedad.
—Siempre volveré a ti, Tiberius. Lo siento si alguna vez te he hecho
creer lo contrario.
Había otros dos recién llegados entre los Blackthorns, a los que Kit no
reconocía: un muchacho de cabello azul y negro que ondeaba en torno a
su rostro anguloso y un hombre enorme y de hombros anchos que llevaba
un casco alarmante con cuernos tallados que sobresalían desde cualquier
lado. Ambos se sentaron en silencio sobre sus caballos, sin desmontar. ¿Una
escolta de hadas, tal vez, para mantener a los demás seguros? Pero,
¿cómo habían conseguido los Blackthorns y Emma un favor así?
Por otra parte, si alguien podía conseguir algo así, era Julian
Blackthorn. Como decía el padre de Kit acerca de varios criminales, Julian
era el tipo de persona que podía descender al infierno y salir con el diablo
mismo debiéndole un favor.
Diana abrazaba a Emma y a Cristina, con lágrimas brillando en su
rostro. Sintiéndose torpemente fuera de lugar en la reunión, Kit se dirigió al
316
borde de la barandilla. Las nubes se habían despejado y podía ver el
Puente del Milenio desde allí, iluminado por los colores del arco iris. Un tren
se sacudió sobre otro puente, arrojando su reflejo en el agua.
— ¿Quién eres? —dijo una voz en su codo. Kit se dio la vuelta. Era
una de las dos hadas que había notado antes, el que fruncía el ceño. Su
cabello oscuro, de cerca, parecía menos negro y más como una mezcla
de verdes y azules profundos. Lo apartó un poco de la cara, frunciendo el
ceño; tenía una boca amplia, ligeramente desigual, pero sus ojos eran
mucho más interesantes. Al igual que los de Mark eran de dos colores
diferentes. Uno era como la plata de un escudo pulido; el otro era un
negro tan oscuro que su pupila era apenas visible.
—Kit —dijo Kit.
El muchacho con el pelo del color del océano asintió.
—Soy Kieran —dijo. — Kieran Cazador.
Kit sabía que Cazador no era un verdadero nombre de hada. Las
hadas no daban generalmente sus verdaderos nombres, pues otorgaban
el poder sobre ellos; Cazador sólo denotaba lo que era, de la forma en
que los nixies se llamaban a sí mismos Nacidos en el Agua.
Kieran era de la Cacería Salvaje.
—Huh —dijo Kit, pensando en la Paz Fría. — ¿Eres un prisionero?
—No —dijo el hada. — Soy el amante de Mark.
Oh, pensó Kit. La persona que entró a salvar a Feéra. Trató de
ahogar una mirada de diversión por el modo en que las hadas hablaban.
Intelectualmente, sabía que la palabra "amante" era parte del lenguaje
tradicional, pero no podía evitarlo: era de Los Ángeles, y en lo que a él
concernía, Kieran acababa de decir: Hola, tengo relaciones sexuales con
Mark Blackthorn. ¿Qué hay de ti?
—Pensé que Mark estaba saliendo con Emma —dijo Kit.
Kieran parecía confundido. Algunos de los rizos de su cabello parecían
oscurecerse, o tal vez era un truco de la luz.
—Creo que debes estar equivocado —dijo.
Kit levantó una ceja. ¿Qué tan cercano era este tipo de Mark,
después de todo? Quizás acababan de tener una aventura sin sentido. Sin
317
embargo, por qué Mark habría arrastrado a la mitad de su familia a Feéra
para salvarlo era un misterio.
Antes de que pudiera decir algo, Kieran giró la cabeza, desviando su
atención.
—Esa debe ser la encantadora Diana —dijo, señalando hacia la
tutora de los Blackthorns. — Gwyn está embelesado con ella.
— ¿Gwyn es el tipo grande? ¿El del casco con cuernos? —preguntó
Kit. Kieran asintió con la cabeza, observando cómo Gwyn desmontaba su
caballo para hablar con Diana, que parecía muy pequeña contra su
tamaño, aunque era una mujer alta.
—La Providencia nos ha unido de nuevo —dijo Gwyn.
—No creo en la providencia —dijo Diana. Ella parecía incómoda, un
poco alarmada. Estaba sujetando su brazo herido contra ella. — O en un
cielo intervencionista.
—Hay más cosas en el cielo y en la tierra —dijo Gwyn—, de lo que se
sueña en tu filosofía.
Kit resopló. Diana parecía estupefacta.
— ¿Estás citando a Shakespeare? —dijo. — Hubiera pensado que al
menos era Sueño de una noche de verano.
—Las hadas no soportan Sueño de una noche de verano —murmuró
Kieran. — Todo se pone mal.
Los labios de Gwyn se contrajeron en las esquinas.
—Hablando de sueños —dijo. —Has estado en los míos y con
frecuencia.
Diana parecía aturdida. Los Blackthorns habían calmado su ruidosa
reunión y la observaban a ella y a Gwyn con una curiosidad descarada.
Julian sonreía un poco; estaba sosteniendo a Tavvy, que tenía los brazos
enganchados alrededor del cuello de su hermano, aferrado como un
koala.
—Me gustaría que me conocieras formalmente para cortejarte —dijo
Gwyn. Sus grandes manos se movían sin rumbo a sus costados, y Kit se dio
cuenta con una conmoción de que estaba nervioso. Ese hombre grande y
musculoso, el líder de la Cacería Salvaje, nervioso. —Podríamos ir juntos a
matar un gigante helado, o devorar un ciervo.
318
—No quiero hacer ninguna de esas cosas —dijo Diana al cabo de un
momento. Gwyn parecía desanimado. —Pero saldría contigo —dijo ella,
sonrojándose. — Preferentemente a un buen restaurante. Trae flores, no el
casco.
Los Blackthorns se echaron a aplaudir. Kit se apoyó contra la pared
con Kieran, que sacudía la cabeza con asombro.
—Y así fue como el orgullo del líder de la Cacería fue derribado por
amor —dijo. — Espero que haya una balada sobre ello algún día.
Kit miró a Gwyn, que estaba ignorando los aplausos mientras
preparaba a sus caballos para irse.
—No te pareces a los otros Blackthorns —dijo Kieran después de un
momento. — Tus ojos son azules, pero no como el azul del océano. Sino de
un cielo común.
Kit se sintió insultado.
—No soy un Blackthorn —dijo. —Soy un Herondale. Christopher
Herondale.
Él esperó. El nombre Herondale parecía producir una reacción
explosiva en la mayoría de los habitantes del mundo sobrenatural. El
muchacho con el cabello como el océano, sin embargo, no pestañeó.
—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí, si no eres un familiar? —
preguntó.
Kit se encogió de hombros.
—No lo sé. No pertenezco aquí, eso es seguro.
Kieran le dio una sonrisa de lado.
—Ya somos dos.
*** ***
Finalmente se reunieron en el salón, la habitación más cálida de la
casa. Evelyn ya estaba allí, murmurando junto al fuego que ardía en la
parrilla; a pesar de que era finales del verano, Londres estaba húmeda y
fría. Bridget trajo sándwiches de atún y maíz dulce, pollo y tocino, y los
recién llegados se hundieron en ellos como si estuvieran muriendo de
319
hambre. Julian tuvo que comer torpemente con la mano izquierda,
equilibrando a Tavvy en su regazo con la otra.
La sala había envejecido mejor que muchas de las otras
habitaciones del Instituto. Tenía un alegre papel tapiz floreado, sólo un
poco descolorido, y unos muebles antiguos magníficos que alguien había
escogido con cuidado: un escritorio precioso, otro muy delicado, cómodos
sillones de terciopelo y sofás agrupados alrededor de la chimenea. Incluso
la pantalla del fuego estaba hecha de hierro forjado, con dibujos de
garzas aladas, y cuando el fuego brillaba a través de ella, la sombra de los
pájaros era lanzada contra la pared como si estuvieran volando.
Kieran no parecía muy emocionado con los sándwiches. Los tocó
con desconfianza y luego los separó, comiendo sólo los tomates, mientras
Julian explicaba lo que había sucedido en Feéra: su viaje a la corte
Noseelie, el encuentro con la Reina, la plaga en la tierra Noseelie.
—Había lugares quemados, blancos como cenizas, como la
superficie de la luna —dijo Mark, con los ojos oscuros de angustia. Kit hizo su
mejor esfuerzo para seguir la historia, pero era como si intentara subirse a
una montaña rusa con frenos defectuosos… Frases como "vidrio de
escrutinio", "Campeón Noseelie" y "Libro Negro de los Muertos” lanzaba sus
pensamientos fuera de la pista.
— ¿Cuánto tiempo pasó para ellos? —susurró finalmente a Ty, que
estaba sentado a su lado con Livvy, en un asiento demasiado pequeño
para los tres.
—Suena como unos pocos días menos que los que pasaron para
nosotros —dijo Ty. — Un pequeño desliz de tiempo, pero no mucho. El collar
de Cristina parece haber funcionado.
Kit silbó entre dientes.
— ¿Y quién es Annabel?
—Era una Blackthorn —dijo Ty. — Murió, pero Malcolm la trajo de
vuelta.
— ¿De entre los muertos? —dijo Kit. — Eso es… eso es necromancia.
—Malcolm era un nigromante —señaló Ty.
Livvy dio un codazo a Kit, que estaba perdido en sus pensamientos.
La necromancia no era sólo un arte prohibido en el Mercado de las
Sombras, era un tema prohibido. El castigo por resucitar a los muertos era
320
la muerte. Si los Cazadores de Sombras no te atrapaban, otros
Subterráneos lo harían, y la forma en que morirías no sería bonita.
Traer de vuelta a los muertos, Johnny Rook siempre había dicho,
deformaba el tejido de la vida, de la misma manera que los seres humanos
inmortales lo hacían. Invita a la muerte, y la muerte se quedará. ¿Podría
alguien traer de vuelta a los muertos y hacer que funcionara? Kit le había
preguntado una vez. ¿Incluso el mago más poderoso?
Dios, había dicho Johnny, después de una muy larga pausa. Dios
podría hacer eso. Y aquellos que resucitan a los muertos pueden pensar
que son Dios, pero pronto descubrirán la mentira en la que creyeron.
— ¿El director del Instituto de Los Ángeles está muerto? —exclamó
Evelyn, dejando caer los restos de su sándwich en una mesa
probablemente muy cara.
Kit realmente no la culpaba por su sorpresa. Los Blackthorns no
actuaron como una familia dolorida por la muerte de un tío querido. Más
bien parecían aturdidos y desconcertados. Pero en su momento, se habían
comportado con Arthur casi como si fueran extraños.
— ¿Por eso quería quedarse en Los Ángeles? —preguntó Livvy, con
las mejillas enrojecidas. — Así que podría sacrificarse… ¿por nosotros?
—Por el Ángel —Diana tenía la mano contra su pecho. — No había
respondido a ninguno de mis mensajes, pero eso no era inusual. Sin
embargo, para que Zara lo no notara…
—Tal vez lo hizo, tal vez no lo hizo —dijo Livvy. — Pero es mejor para
sus planes si está fuera del camino.
— ¿Qué planes? —dijo Cristina. — ¿Qué quieres decir con los planes
de Zara?
Era hora de otra larga explicación, esta vez de las cosas que Kit ya
conocía.
Evelyn se había dormido en frente de la chimenea y estaba
roncando. Kit se preguntó cuánto valía la parte superior de su bastón
hecho de plata. ¿Era plata real, o simplemente chapada?
—Por el Ángel —dijo Cristina, cuando terminaron la explicación.
Julian no dijo nada; Emma dijo algo impronunciable. Mark se inclinó hacia
delante, con un rubor en sus mejillas.
321
—Déjame entender bien —dijo. — Zara y su padre quieren dirigir el
Instituto de Los Ángeles para así poder impulsar su agenda antiSubterráneos.
Las nuevas Leyes probablemente se aplicarían a mí y a
Helen. Ciertamente a Magnus, a Catarina, a todos los Subterráneos que
conocemos, no importa cuán leales sea.
—Sé de su grupo —dijo Diana. — Ellos no creen en la lealtad de los
Subterráneos.
— ¿Cuál es su grupo? —preguntó Emma.
—La Cohorte —dijo Diana. — Son una facción bien conocida en el
Consejo. Como todos los grupos que existen principalmente para odiar,
creen que hablan por una mayoría silenciosa, que todos desprecian a los
Subterráneos como ellos. Creen que la oposición a la Paz Fría es una
cobardía moral o, en el mejor de los casos, se quejan de quienes se sienten
intimidados por ella.
— ¿Incomodados? —dijo Kieran. No había expresión en su voz, sólo
la palabra, colgando allí en la habitación.
—No son inteligentes —dijo Diana. — Pero son fuertes y viciosos, y han
asustado a muchas personas mejores llevándolas al silencio. No cuentan
con un director de Instituto entre ellos, pero sí lo hicieran...
—Esto está mal —dijo Emma. — Antes, tendrían que haber
demostrado que Arthur no era apto para dirigir un instituto. Ahora está
muerto. El lugar está abierto. Todo lo que tienen que hacer es esperar a la
próxima reunión del Consejo y hacer avanzar a su candidato.
—Y están en una buena posición para ello —Diana se había
levantado y comenzaba a caminar. — La Clave está enormemente
impresionada con Zara Dearborn. Creen que ella y sus Centuriones
derrotaron la amenaza de los demonios marinos por su cuenta propia.
—Los demonios desaparecieron porque Malcolm murió de nuevo, y
con suerte esta vez para siempre —dijo Livvy furiosamente. — Nada de eso
es por causa de Zara. ¡Está tomando crédito por lo que hizo Arthur!
—Y no hay nada que podamos hacer al respecto —dijo Julian. —
Aún no. Se darán cuenta de que Arthur está muerto o desaparecido muy
pronto, pero incluso el abandono de su puesto sería motivo para
reemplazarlo. Y no podemos decir cómo o por qué murió.
322
—Porque la única razón por que sabemos es gracias a la Reina Seelie
—dijo Emma en voz baja, mirando a la dormida Evelyn.
—Annabel es la clave para encontrar el Libro Negro —dijo Julian. —
Necesitamos ser los únicos que la busquen en este momento. Si la Clave la
encuentra primero, nunca conseguiremos el libro para la Reina.
—Cuando estuvimos de acuerdo con el plan de la Reina, sin
embargo, no sabíamos nada de la Cohorte —dijo Mark, preocupado. — ¿Y
si no hay tiempo para encontrar el Libro antes de que la Cohorte haga su
movimiento?
—Tendremos que encontrar el libro más rápido —dijo Julian. — No
podemos enfrentar a los Dearborns en una reunión del Consejo. ¿Qué mal
ha hecho Zara, de acuerdo con la Clave? Arthur no estaba calificado
para dirigir un Instituto. Muchos miembros del Consejo odian a los
Subterráneos. Ella quiere dirigir un Instituto para poder iniciar una mala ley.
No sería la primera. Ella no está rompiendo las reglas. Nosotros…
Kit sintió un leve temblor subir por su espina dorsal. Por un momento,
Julian había sonado como el padre de Kit. El mundo no es de la forma en
que quieres que sea. Es de la manera que es.
— ¿Entonces se supone que finjamos que no sabemos lo que Zara
está haciendo? —Emma frunció el ceño.
—No —dijo Diana. — Voy a ir a Idris. Voy a hablar con la Cónsul.
Todos la miraron, con los ojos muy abiertos, todos excepto Julian, que
no parecía sorprendido, y Kieran, que seguía mirando su comida.
—Lo que Zara propone significaría que la hija de Jia estaría casada
con uno de los Subterráneos que van a ser registrados. Jia sabe a qué
conduciría eso. Sé que se reunirá conmigo. Si puedo razonar con ella…
—Aceptó la Paz Fría —dijo Kieran.
—No tenía elección —dijo Diana. — Si se le hubiera advertido de lo
que vendría, me gustaría pensar que habría resultado de otra manera. Esta
vez, ella tendrá una advertencia. Además… tenemos algo que ofrecerle
ahora.
—Así es —dijo Julian, señalando a Kieran. — El fin de la Paz Fría. Un
mensajero de las hadas de la Reina Seelie.
Evelyn, que había estado durmiendo junto al fuego, se puso de pie.
323
—Esto es suficiente —señaló con el puño a Kieran. — Puedo aceptar
un Blackthorn en esta casa, incluso uno con una línea de sangre
cuestionable. Siempre aceptaré un Blackthorn. ¿Pero un hada de sangre
pura? ¿Escuchando asuntos de los Nefilim? No lo permitiré.
Kieran la miró sobresaltado brevemente. Luego se puso de pie. Mark
también empezó a levantarse. Y Julian se quedó exactamente donde
estaba.
—Pero Kieran es parte de nuestro plan...
—Tonterías sin sentido. ¡Bridget! —llamó, y la sirvienta, que
claramente había estado al acecho en el pasillo, metió la cabeza en la
habitación. — Por favor, guía al príncipe a una de las habitaciones libres.
Tendré tu palabra, hada, de que no saldrás hasta que te lo permitan.
Kieran miró a Cristina.
— ¿Cuál es tu deseo, mi señora?
Kit estaba desconcertado. ¿Por qué Kieran, un príncipe de la
nobleza, recibía órdenes de Cristina?
Ella se ruborizó.
—No hace falta jurar que no saldrás de la habitación —dijo. —
Confío en ti.
— ¿De verdad? —dijo Emma, sonando fascinada. Kieran le dio una
dura mirada y se marchó.
Los murmullos de Bridget podían ser escuchados por todos cuando
condujo a Kieran por la puerta.
—Hadas en el Instituto —murmuró. — Fantasmas son una cosa, brujos
son otra, pero nunca en todos mis días desde que nací…
Drusilla parecía perpleja.
— ¿Por qué Kieran está aquí? —dijo, tan pronto como se fue. —
Pensé que lo odiábamos. Quiero decir, salvó nuestras vidas, pero sigue
siendo un idiota.
Hubo un murmullo de voces. Kit recordó algo que había oído que
Livvy le decía a Dru hacía un día o dos. Más piezas del rompecabezas de
Kieran: Livvy se había enfadado porque Mark se fuera a Feéra para ayudar
324
a alguien que lo había herido. Había herido a Emma y a Julian. Kit no sabía
exactamente lo que había sucedido, pero claramente había sido malo.
Emma se había movido para sentarse en el sofá junto a Cristina.
Había llegado con un vestido pálido y gomoso que parecía algo que Kit
habría visto en el Mercado de las Sombras. La hacía parecer delicada y
elegante, pero Kit recordó la fuerza de acero que había en ella, la forma
en que había separado los demonios mantis de él en su casa con toda la
calma de una novia cortando rebanadas de su pastel de bodas.
Julian estaba escuchando tranquilamente charlar a su familia.
Aunque no estaba mirando a Emma, una energía casi visible crujió entre
ellos. Kit recordó la manera en que Emma le había dicho este no es un
lugar para Julian a su padre, una de las primeras cosas que le había oído
decir a ella en el Mercado, y la forma en que su voz parecía abrazar las
sílabas de su nombre.
Los parabatai eran extraños. Tan cercanos, y sin embargo no eran un
matrimonio, pero eran más que mejores amigos. No había ninguna
analogía igual en el mundo mundano. Y lo atraía esa idea de estar
conectado a alguien así, de la manera en que todas las cosas peligrosas y
hermosas del mundo de los Cazadores de Sombras lo atraían.
Tal vez Ty….
Julian se puso de pie, dejando a Tavvy en un sillón. Estiró los brazos,
haciendo crujir sus muñecas.
—Lo que sucede es que necesitamos a Kieran —dijo.
Evelyn resopló.
—No imagino para qué necesitas un hada —dijo— Para nada.
Julian susurró algo en el oído de Tavvy. Un momento después se puso
en pie.
—Señorita Highsmith —dijo Julian. — Mi hermano pequeño está
agotado, pero dice que no sabe dónde está su dormitorio. ¿Puede
enseñárselo?
Evelyn pasó una mirada irritada de Julian a Tavvy, que le sonrió
angelicalmente, mostrando sus hoyuelos
— ¿No puedes escoltar tú al niño?
325
—Acabo de llegar —dijo Julian. — No sé dónde está la habitación —
añadió con su propia sonrisa igual a la de Tavvy. Julian podía irradiar
encanto cuando quería; Kit casi lo había olvidado.
Evelyn miró a su alrededor para ver si había voluntarios para hacerse
cargo de él; nadie se movió.
Finalmente, con un resoplido disgustado, ella chasqueó los dedos a
Tavvy y dijo:
—Bueno, vamos, niño —y salió de la habitación con él a cuestas.
La sonrisa de Julian se torció. Kit no pudo evitar la sensación de que
Julian había usado a Evelyn para deshacerse de Kieran, y a Tavvy para
deshacerse de Evelyn, y lo hizo fácilmente que nadie jamás podría
probarlo.
Si Julian hubiera querido dedicarse a la estafa y al crimen, pensó Kit,
habría sido excelente.
—Necesitamos que Kieran negocie con la Clave —dijo Julian, como
si nada hubiera pasado. — Cuando lo encontramos en Feéra, su padre
estaba a punto de matarlo. Se escapó, pero nunca estará a salvo mientras
el Rey Noseelie se siente en el trono —se pasó las manos por el cabello
alborotado; Kit se preguntó cómo Julian guardaba todo en su cabeza:
planes, tramas, secretos, verdades.
—Y la Reina quiere que el Rey salga del trono —dijo Emma. — Ella
está dispuesta a ayudarnos a reemplazarlo con el hermano de Kieran, pero
Kieran tuvo que prometerlo para convencerla.
— ¿El hermano de Kieran sería mejor que el Rey que tienen ahora
mismo? —preguntó Dru.
—Sería mejor —confirmó Emma. — Por extraño que parezca.
—Kieran también testificará ante el Consejo —dijo Julian. — Traerá el
mensaje de la Reina acerca de cómo está dispuesta a aliarse con nosotros
para derrotar al Rey. Puede confirmar para el Consejo lo que el Rey está
haciendo en las Tierras Noseelie...
—Pero tú podrías decirles eso —dijo Kit.
—No quisiéramos arriesgarnos a la ira de la Clave por habernos
aventurado en la Tierra de las Hadas —dijo Julian. — Por no mencionar que
326
aunque saliéramos de eso, no habrá perdón por haber concertado un
trato con la Reina Seelie.
Kit tenía que admitir que Julian tenía razón. Sabía en cuánto se
habían metido los Blackthorns para negociar con la comitiva de hadas
que les había devuelto a Mark. La Reina Seelie era otro nivel de lo
prohibido. Era como recibir una bofetada en la muñeca por encender una
luz roja y luego volver al día siguiente y volar toda la calle.
—Kieran es su pase libre de la cárcel —dijo.
—No es sólo sobre nosotros —dijo Emma. — Si el Consejo lo
escuchara, podrían terminar con la Paz Fría. De hecho, tendrían que
hacerlo. Tendrán que creerlo, no puede mentir, y si la Reina está dispuesta
a pelear contra el Rey Noseelie junto a la Clave, no creo que puedan
rechazarla.
—Lo que significa que tenemos que mantener a salvo a Kieran —dijo
Julian. — También tenemos que hacer lo posible para no antagonizarlo.
— ¿Porque está haciendo esto por Mark? —dijo Dru.
—Pero Mark terminó con él —dijo Livvy, y luego miró a su alrededor,
alarmada. Su cola de caballo cepilló el hombro de Kit. — ¿Eso es algo que
no debía decir?
—No —dijo Mark. — Es la verdad. Pero… Kieran no lo recuerda.
Cuando el Tribunal Noseelie lo torturó, perdió algunos de sus recuerdos. No
recuerda haber llevado un enviado al Instituto, ni a Emma ni a Julian
siendo azotados, ni a qué peligro nos sometió con su prisa y su cólera —
miró sus manos entrelazadas. — Y no debemos decirle.
—Pero… Emma —dijo Livvy. — ¿Se supone que finjamos que ella y
Mark no salen?
Kit se inclinó cerca de Ty. Ty olía a tinta y lana.
—No entiendo nada de esto.
—Tampoco yo —Ty susurró de vuelta. — Es muy complicado.
—Mark y yo —dijo Emma, mirando fijamente a Mark— terminamos.
Kit se preguntó si Mark lo sabía. No pudo esconder la expresión de
asombro en su rostro.
327
—Simplemente no funcionó —continuó Emma. — Así que está bien,
lo que Mark necesite hacer.
— ¿Han roto? —susurró Livvy. Ty se encogió de hombros,
desconcertado. Livvy se había tensado y miraba a Emma y a Mark,
claramente preocupada.
— ¿Tenemos que dejar que Kieran piense que él y Mark siguen
saliendo? —preguntó Ty, desconcertado. Kit sentía que todo estaba más
allá de él también, pero entonces analizó que Enrique VIII había
decapitado a varias de sus esposas por razones aparentemente
gubernamentales. Lo personal, lo político y lo romántico estaban a
menudo extrañamente entrelazados.
—Ocultar esas cosas de Kieran no es lo ideal —dijo Julian con las
manos en los bolsillos. — Y odio pedirles que mientan. Probablemente es
mejor evitar el tema. Pero, literalmente, no hay otra manera de asegurarse
de que realmente se presente ante la Clave.
Mark se sentó, pasando los dedos por su pelo rubio de una manera
distraída. Kit pudo oírle decir: Estoy bien, está bien, a Cristina. Sintió una
oleada de extraña simpatía, no por Mark, sino por Kieran. Kieran, que no
sabía que su novio no era realmente su novio, que estaba durmiendo en
una casa llena de gente que, por simpática que pareciera, le mentía para
conseguir algo que necesitaba.
Pensó en la frialdad que había visto en Julian en el Mercado de las
Sombras. Julian, quien sacrificaría a Kieran, y tal vez a su propio hermano
de alguna manera, para conseguir lo que quería.
Incluso si era una buena causa. Incluso si era el final de la Paz Fría. Kit
miró a Julian, observando el fuego de la sala con ojos insondables, y
sospechó que había más.
En lo que se refería a Julian Blackthorn, siempre habría más
Comentarios
Publicar un comentario