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Por las montañas
Traductora: Fer Volpahl
Corrector: Theresa Gray
Revisora final: Theresa Grey
Ejercito Nephilim Latinoamérica.
Mark se abrió camino a través de la corte Noseelie. Había estado
antes entre esas personas solo para los festejos: la Corte no estaba siempre
en el mismo lugar, se movía a través de las tierras Noseelie. Mark podía oler
la sangre en el aire mientras avanzaba entre el gentío. Podía oler pánico,
miedo y odio. Su odio hacia los Cazadores de Sombras. El rey llamaba al
silencio, pero la multitud estaba gritando para que Emma derramara la
sangre de su padre.
Nadie vigilaba a Kieran. Él se desplomó sobre sus rodillas, el peso de
su cuerpo lo empujaba contra las cuerdas de espinas que lo aprisionaba
como si fuera de alambre de púas. La sangre emanaba lentamente de las
laceraciones en sus tobillos, muñecas y cuello.
Mark empujo a los cortesanos al pasar. Así de cerca, él podía ver
que Kieran llevaba alrededor de su cuello una cadena. Un una punta de
flecha. La punta de flecha de Mark. El estómago de Mark se apretó.
—Kieran . —Puso su mano contra la mejilla de otro chico.
Los ojos de Kieran estaban muy abiertos revoloteando de un lado a
otro. Su rostro era gris, un gris que reflejaba el dolor y la desesperanza, pero
su sonrisa era suave— He tenido demasiados sueños —dijo. — ¿Es esto el
final? ¿Has venido para llevarme a las Tierras Brillantes? No podrías haber
elegido una mejor cara para usar.
Mark recorrió con sus manos las cuerdas de espinas. Eran duras. Un
cuchillo serafín podría haberlo cortado sin dificultad, pero las hojas serafín
no funcionaban aquí, dejándole solamente las dagas ordinarias. Surgió
una idea en la mente de Mark, alcanzo rápidamente la punta de flecha
del cuello de Kieran, quitándolo suavemente de su garganta.
—Cualquiera sean los dioses que han hecho esto —susurró Kieran. —
Son agraciados por traerme a aquel que amo, en mis últimos momentos.
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Su cabeza cayó contra el árbol, exponiendo las cuchilladas
escarlatas alrededor de su garganta donde las espinas habían cortado.
—Mi Mark…
—Silencio —Mark hablo con la garganta apretada. La punta de
flecha estaba afilada, cortando las cuerdas que estaban alrededor de la
garganta y de sus muñecas. Al caer, Kieran suspiro de alivio.
--Es cierto lo que dicen —dijo Kieran. — El dolor te deja cuando
mueres.
Mark libero a Kieran de las cuerdas de sus tobillos y lo ayudo a
enderezarse— Es suficiente —dijo— Soy Mark, no una ilusión. Y no estas
muriendo Kieran. Estás vivo—. Tomó a Kieran por la muñeca y le ayudó a
ponerse en pie. — Estas escapando.
La mirada de Kieran parecía deslumbrada por la luz de la luna. Se
acercó y puso sus manos sobre los hombros de Mark. Hubo un momento en
que Mark podría haberse alejado, pero no lo hizo. Él se acercó a Kieran, y
Kieran se aproximó hacia a él, podía oler la sangre y los cortes de Kieran, y
se besaron.
La curva de los labios de Kieran era tan familiar para Mark, como el
sabor del azúcar o la sensación de la luz solar. Pero no había azúcar ni luz
del sol, nada brillante ni dulce, solo la oscura presión de la Corte y el olor
de la sangre alrededor de ellos. Su cuerpo todavía respondía a Kieran,
mientras lo empujaba contra la corteza del árbol y deslizaba las manos
sobre su piel, sintiendo las cicatrices y las heridas frescas en sus manos.
Mark sintió que se elevaba fuera de sí; estaba otra vez en la Cacería
Salvaje, tomando la crin de Windspear, mientras se inclinaba hacia delante
contra el viento que revolvía su cabello y quemaba su garganta
apagando su risa. Los brazos de Kieran estaban alrededor de él; lo único
que le daba calor en el frio mundo, y los labios de Kieran sobre su mejilla.
Algo silbo al lado de su oído. Se apartó de Kieran bruscamente. Otro
objeto silbó y Mark instintivamente empujo a Kieran contra el árbol.
Flechas. Cada flecha estaba en llamas; se abrían camino a través de la
Corte como luciérnagas mortales. Uno de los príncipes Noseelie corría
hacia Mark y Kieran, levantando un arco hacia ellos.
Después de todo, ellos habían sido advertidos.
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*** ***
La hierba ante el Instituto parecía hervir, una masa de demonios de
mar y centuriones, tentáculos rebanados y afilados cuchillos serafín. Kit se
lanzó por las escaleras, por poco empujando a Samantha, que luchaba
lado a lado con su gemelo, quien peleaba furiosamente con una grotesca
criatura gris cubierta de bocas rojas.
— ¡Mira donde vas! —gritó y entonces soltó un chillido cuando un
tentáculo se envolvió alrededor de su pecho.
Kit levanto a Adriel y corto los tentáculos por encima del hombro de
Samantha. El demonio gritó desde sus bocas y se desvaneció.
—Asqueroso —dijo Samantha, que ahora estaba cubierta de sangre
de demonio. Ella tenía el ceño fruncido, pareciendo totalmente
desagradecida con Kit, pero él apenas tuvo tiempo de preocuparse por
ello; Kit ya estaba dándose la vuelta para levantar su espada contra una
criatura de aspecto espinoso con una piel de textura rugosa y pétrea,
similar a una estrella de mar.
Pensó en Ty en la playa con una estrella de mar en la mano,
sonriendo. Se llenó de rabia, él nunca antes se había detenido a pensar
cuántos demonios se parecían a las cosas bellas del mundo, que habían
sido tomadas y transformadas en seres deformes, asquerosos y perversos.
La hoja bajo a toda velocidad. El demonio gritó y retrocedió, y
repentinamente unos brazos se aferraron alrededor de Kit, arrastrándolo
hacia atrás.
Fue Diana. Ella estaba bañada en sangre, alguna humana y alguna
proveniente de algún demonio. Ella agarró fuertemente del brazo a Kit,
empujándolo hacia las escaleras del Instituto.
—Estoy bien, no necesito ayuda . —jadeó, aferrándose a la
empuñadura de su espada.
Ella arrancó a Adriel de su mano y la lanzó hacia Diego, que cogió la
espada y la condujo hacia el pecho de un demonio medusa, mientras
bajaba el hacha con la otra mano. Lo cual era muy impresionante, pero Kit
estaba demasiado enojado como para preocuparse de ello.
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── ¡No necesito ayuda! —gritó otra vez, mientras Diana lo empujaba
por los peldaños.
— ¡No necesito ser salvado!
Ella lo hizo girar para que la mirara. Una de sus mangas estaba llena
de sangre, y había una marca roja en su garganta donde su collar había
sido arrancado. Pero ella estaba tan imperiosa como siempre— Tal vez no,
—dijo—Pero los Blackthorns lo necesitan, y tú vas a ayudarles.
Aturdido, Kit dejó de luchar. Diana lo soltó y abrió las puertas del
Instituto, observando dentro; después de una última mirada hacia atrás,
entro.
*** ***
Los minutos después de que Julian tomo a Erec y le puso el cuchillo
contra la garganta fueron caóticos. Varias de las hadas cerca del
pabellón aullaron; los caballeros retrocedieron, mirando aterrorizados. El
Rey Noseelie estaba gritando.
Julian tenía su mente enfocada: Mantén al prisionero. Mantén el
cuchillo en su garganta. Si consigue escapar, no tienes nada. Si lo matas
demasiado rápido, no tienes nada. Esta es tu ventaja. Aprovéchala.
El rey dio una orden y los caballeros se trasladaron a un lado,
formando a una especie de túnel para que Julian camine por abajo,
manteniendo a Erec delante de él. El túnel terminó bajo el trono del rey. El
Rey estaba de pie en el borde del pabellón, con su manto blanco
ondeando por la brisa.
Erec no luchó, pero cuando avanzaron por el pabellón, estiró su
cabeza hacia atrás para ver a su padre. Julian podía sentir sus ojos sobre
él— No cortaras la garganta de mi hijo —dijo el rey Noseelie, mirando
hacia abajo a Julian con una mirada de desdén. — Eres un Cazador de
Sombras. Tienes un código de honor.
—Estás pensando en lo que los Cazadores de Sombras solían ser, —
dijo Julian. — Vengo de la edad de la Guerra oscura. Fui bautizado con
sangre y fuego.
—Eres gentil, —dijo el rey. — Gentil como los ángeles son gentiles.
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Julian presiono el cuchillo más firmemente en la curva de la
garganta de Erec. El príncipe hada olía a miedo y sangre— Maté a mi
propio padre, —dijo. — ¿Crees que no mataría a tu hijo?
Una mirada de sorpresa apareció en el rostro rey. Adaon habló— Él
está diciendo la verdad —dijo. — Muchos estaban en el Salón de los
Acuerdos durante la guerra. Lo presenciaron. Él es despiadado.
El rey frunció el ceño— Adaon, Cállate. —Pero estaba claramente
preocupado. Las sombras se movían tras sus ojos— El precio que pagarías
por derramar la sangre de mi familia en la Corte sería incalculable —le dijo
a Julian— No solo lo pagarías tú, sino toda la Clave pagara por ello.
—Entonces no me obligues a hacerlo, —dijo Julian. — déjanos ir en
paz. Nos llevaremos a Erec por la distancia de una milla, entonces lo
dejare ir. Nadie debe seguirnos. Si sentimos que nos están siguiendo, lo
mataremos. Yo lo mataré.
Erec maldijo y escupió— Deja que me mate Padre —dijo él. — Que
mi sangre comience la guerra que sabemos está próxima.
Los ojos del rey de detuvieron por un momento en su hijo. Él es el
favorito del Rey, había dicho Mark. Pero Julian no podía dejar de
preguntarse si el Rey estaba más preocupado por la guerra que se
aproximaba, controlando como y cuando comenzarla, que del destino de
Erec.
—Ustedes creen que los ángeles son gentiles, —dijo Julian— pero
ninguno lo es. Ellos imparten justicia con sangre y fuego celestial. Toman la
venganza con los puños y el hierro. Su gloria es tal, que podría quemarles
los ojos si los miraran. Es una fría y brutal gloria. —Se encontró con la mirada
del rey: su ojo enojado y su ojo vacío— Mírame, si dudas de lo que haré —
dijo Julian. — Mírame a los ojos. Dicen que las hadas ven mucho ¿Crees
que soy alguien que tiene mucho que perder?
*** ***
Estaban en la entrada: Ty, Livvy, Arthur y los más jóvenes, Dru, con
Tavvy en sus brazos.
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Se iluminaron cuando Diana y Kit llegaron, aunque Kit no sabía si la
reacción era por él. O por ella.
Arthur estaba sentado en las escaleras, silencioso y mirando
fijamente su albornoz ensangrentado. Él se lanzó a sus pies a la vista de
ellos, aunque él se aferró a la barandilla con una mano.
—Hemos oído todo, —dijo Livvy. Ella estaba gris a raíz del shock, con
su mano posada en Ty. — Malcolm quiere la sangre de un Blackthorn, y
tiene un ejército de demonios.
—Cuando él dice “Sangre de Blackthorn”, ¿No hay ninguna
posibilidad de que se refiera a una onza? —Dijo Kit— ¿Tal vez una pinta?
Todo el mundo lo miró excepto Ty— Yo pensé en eso —dijo Ty,
mirando a Kit. — Pero los hechizos están escritos en una lengua arcaica.
"Sangre de un Blackthorn” quiere decir la vida de un Blackthorn.
—Eso no es lo que quiere. —dijo Diana. Se quitó la chaqueta
empapada de sangre y la tiró al piso— Necesitamos un Portal. Ahora . —
Ella busco su teléfono en el bolsillo de sus vaqueros, al encontrarlo
comenzó a marcar.
—Pero simplemente no podemos desaparecer —dijo Livvy. —
¡Malcolm liberará a todos los demonios! ¡La gente morirá!"
—No puedes negociar con Malcolm, —dijo Diana. — Él puede
mentir. Él podría tomar la sangre de un Blackthorn que tanto necesita y aun
así liberar a los demonios. Ponerlos a salvo y luego pelear contra él es la
mejor opción.
—Pero…
—Ella tiene razón —dijo Kit. — Malcolm le prometió todo tipo de
cosas a mi padre, incluido mantenerlo seguro. Al final de lo único que se
aseguró fue que si algo le pasaba a él, mi padre también moriría.
— ¿Catarina? —Diana se volvió a un lado, presionando el teléfono
contra su oído. — Necesito un favor. Uno grande.
—Seremos vistos como cobardes —dijo Dru afligida. — Escapando
de esta manera…
—Ustedes son solo niños —dijo Arthur— Nadie espera que luchen —
Cruzó la habitación hacia la ventana. Nadie se movió para unirse a él. Los
sonidos que provenían de afuera fueron suficientes.
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Tavvy tenía su cara contra el hombro de su hermana— ¿A Londres?
—Dijo Diana— eso está bien. Gracias Catarina . —Ella colgó el teléfono.
— ¿Londres? —dijo Livvy. — ¿Por qué Londres?
— ¿Por qué no vamos a Idris? —dijo Dru. — Donde están Emma y
Jules.
—Catarina no puede abrir un Portal a Idris, —dijo Diana, evadiendo
la mirada de Dru. — Pero ella tiene un arreglo con el Instituto de
Londres.
— ¡Entonces debemos entrar en contacto con la Clave! . —dijo Dru.
—Saltó hacia atrás cuando el aire frente a ella comenzó a brillar.
—Necesitamos nuestras cosas —dijo Tavvy, mirando el creciente brillo
con preocupación. Se estaba esparciendo, una especie de remolino de
colores que giraba en el aire. — No podemos irnos sin nada.
—No tenemos tiempo para nada de eso —dijo Diana. — Y no
tenemos tiempo para contactar a la Clave. Y allá hay casas Blackthorn en
Londres, lugares seguros, gente que conoces…
—Pero ¿por qué? —Livvy comenzó a decir. — Si la Clave…
—Es totalmente posible que la clave prefiera intercambiar a uno de
ustedes a Malcolm —dijo Arthur. — ¿No es a lo que te refieres Diana?
Diana no dijo nada. El remolino se transformó: tomo la forma de una
puerta, alta y amplia, rodeada de runas que brillaban intensamente.
—Como lo harían los centuriones, por lo menos algunos de ellos, —
dijo Diana. — Estamos escapando de ellos, como cualquier otro haría. Los
demonios de mar están venciendo. Queda poco tiempo.
—Diego nunca… . —Comenzó a decir Dru con indignación.
—Diego no está a cargo —dijo Diana. El Portal estaba ubicado en
una puerta de vaivén que estaba abierta; a través de ella, Kit pudo ver un
salón de clases con un papel tapiz floreado, que parecía no coincidir en el
extremo. — Ahora, Drusilla, tú primero.
Con una mirada de cólera desesperada, Drusilla cruzó la habitación
y camino a través del Portal, sosteniendo aún a Tavvy. Kit miró con aturdido
asombro mientras que desaparecía en el Portal.
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Livvy se aproximó para cruzar el Portal a continuación, de la mano
con Ty. Se detuvo delante de él, la fuerza de la magia que emanaba el
Portal levantaba su cabello. — Pero no podemos abandonar este lugar a
Zara y la Cohorte —ella protestó, girando hacia Diana. — No podemos
dejar que ellos lo tengan…
—Es mejor eso a que alguno de ustedes muera. —Dijo Diana. —
Ahora, vete.
Pero Ty dudó. — ¿Kit viene con nosotros, cierto?
Diana miró a Kit. Sentía su garganta adolorida; no sabía el por qué.
—Iré —dijo. Observo como Livvy y Ty caminaron en el colorido vacío,
mirando como desaparecían. Observó cómo Diana los siguió. Caminó
hacia el portal y se detuvo allí, mirando hacia Arthur.
— ¿Quieres ir primero? —dijo.
Arthur meneó la cabeza. Había una mirada extraña en su cara,
extraña incluso para Arthur. Aunque Arthur no había actuado extraño esta
noche, pensó Kit. Era como si la emergencia le hubiese obligado a
mantener a sí mismo una cordura que de otra manera normalmente no
podría conseguir.
—Diles, —dijo, y los músculos de su cara se tensaron. Detrás de él se
sacudió la puerta; alguien estaba tratando de abrirla. —Diles…
—Se los dirás en persona en un minuto —dijo Kit. Podía sentir la fuerza
del Portal tirando de él. Incluso pensó que podía oír voces a través de él, la
voz de Ty y Livvy. Se detuvo donde estaba.
— ¿Es algo que hay que hacer? —dijo.
Arthur se movió hacia el Portal. Por un momento, Kit se relajó,
pensando que Arthur iba a cruzar el Portal junto a él. En lugar de ello, sintió
una mano sobre su hombro.
—Dile a Julian que se lo agradezco —Dijo Arthur, y lo empujó.
Kit cayó dando vueltas, en la silenciosa nada.
*** ***
El príncipe hada soltó la flecha.
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Kieran se movió más rápido de lo que Mark hubiera pensado posible.
Él giro su cuerpo, cubriendo a Mark. La flecha silbó en el aire, cantando
como un pájaro mortal. Mark sólo tuvo tiempo de agarrar a Kieran y
empujarlo lejos cuando la flecha, se enterró en su espalda, debajo de la
altura del hombro.
Él se desplomó sobre el hombro de Mark. Con su mano libre, Mark
tomo una daga del cinto y la lanzó; el príncipe hada cayó, gritando, con
la daga en su muslo. Mark comenzó a arrastrar a Kieran del claro. Las
flechas se habían detenido, pero el fuego floreció de las banderas con la
marca de la corona rota. El fuego los tenía atrapados. Las hadas de la
Corte gritaban y muchos corrieron para salvarse.
Sosteniendo a Kieran, Mark se desvaneció en el bosque.
*** ***
—Emma, — susurró Cristina. El claro estaba abarrotado de ruido; risas,
gritos y abucheos. En la distancia podía ver a Julian con el cuchillo puesto
en la garganta de Erec; hubo jadeos cuando se encamino por el pabellón
del Rey; aunque el rey distraído por Emma, no se había dado cuenta aun.
Emma estaba arrodillada en el suelo, tomando el brazo del
campeón Hada herido. Ella miró arriba y vio a Cristina con sus ojos
iluminados.
—Ayúdame con mi papá . —dijo Emma. Ella estaba tirando del brazo
de su padre, tratando de ponerlo alrededor de su cuello. Yacía inmóvil, y
por un momento Cristina temió que estuviera muerto.
Lo tiró lejos de Emma y pesadamente a sus pies. Era un hombre
delgado, alto y el parecido de familia era claro: tenía características
similares a las de Emma, la forma de sus ojos. Los suyos estaban en blanco,
sin embargo, eran azules con tonos lácteos.
—Déjame ir —dijo. — Inmunda chica Nefilim. Déjame ir. Esto ha ido
demasiado lejos.
La sangre de Cristina se congelo con esas palabras. El rey volvió a
estallar en risa. Cristina tomó a Emma, tirándola hacia ella. — Emma, no
puedes creer todo lo que ves aquí.
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—Este es mi padre —dijo Emma. Cristina estaba sosteniendo su
muñeca; ella podía sentir la sangre corriendo por las venas de Emma.
Emma tendió su mano— Papá —dijo ella. — Por favor, ven conmigo…
—Ustedes son Nefilim —dijo el padre de Emma. Débilmente, en la
garganta, las cicatrices blancas de antiguas runas eran visibles. — Si me
tocas, te arrastrare a los pies de mi rey, y él hará que te maten.
Las hadas alrededor de ellos estaban riéndose de forma
estruendosa, agarrándose unos a otros; era el sentimiento de horror y
confusión proveniente de Emma lo que les hacía reír, y al mismo tiempo
generaba una furia asesina a través de las venas de Cristina.
Una cosa era el estudio de las hadas. Leer acerca de cómo sus
emociones no eran como las emociones humanas. Como las hadas de la
Corte Noseelie fueron criadas para deleitarse con el dolor ajeno. Para
atraparte en una red de palabras y mentiras, mientras miraban sonriendo
como caías en la trampa.
Otra cosa era verlo.
Hubo una repentina conmoción. El rey Noseelie corrió hacia el borde
opuesto del pabellón; él estaba gritando órdenes, mientras que los
caballeros estaban en un desorden repentino.
Julian, pensó Cristina. Y sí, ella podía verle, Julian sostenía a Erec
delante de él, a los pies del pabellón del rey. Él había atraído
deliberadamente al Rey lejos de Emma y Cristina.
—Será bastante fácil decidir esto —dijo Cristina. Ella sacó su balisong
de su cinturón y se lo extendió al campeón. — Ten esto . —dijo ella.
—Cristina, ¿qué haces? —dijo Emma.
—Es hierro frío, —dijo Cristina. Ella dio otros dos pasos hacia el
campeón. Su rostro cambiaba incluso mientras observaba, cada vez se
parecía menos a Emma, y cada vez más como algo más; alguna grotesca
forma de vida viviendo bajo la piel. — Es un cazador de sombras. El hierro
frío no le hace daño.
Ella se acercó aún más y el campeón que se había parecido a John
Carstairs cambió por completo. Su rostro se ondulo, y su cuerpo se flexionó,
su piel era de un color gris-verdoso moteado. Sus labios estaban
empujando hacia afuera, y sus muy grandes ojos eran de un color amarillo.
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Su pelo estaba en retroceso y dejaba a la vista una mancha, que parecía
una especie de pate grumoso.
Donde había estado el padre de Emma, estaba un caballero hada
con el cuerpo agazapado y la cabeza de una rana. Emma lo miró
fijamente, con su cara totalmente blanca. El caballero hada abrió la boca
y dijo: — Por fin, por fin, libre. Por fin, por fin, estoy liberado de la ilusión de
los repugnantes Nefilim…
No termino su frase. Emma había tomado a Cortana y se lanzó hacia
delante, golpeando con la afilada hoja la garganta del caballero Hada.
Hizo un sonido mojado y sordo. Pus de color sangre emanaba de su
ancha boca; se tambaleo hacia atrás, pero Emma continuo empuñando
el cuchillo. El hedor de la sangre y el sonido mojado de la carne cortada
casi hacia a Cristina vomitar
— ¡Emma! —gritó Cristina— ¡Emma!
Emma retiro la espada y lo apuñaló una y otra vez, hasta que Cristina
la agarró de sus hombros y la hizo girar, retirándola hacia atrás. El caballero
hada se hundió en el suelo, muerto.
Emma estaba temblando, salpicada con asquerosa sangre. Se
estaba meciendo sobre sus pies.
—Vamos —Cristina agarró el brazo de su amiga, y tirándola
suavemente lejos del pabellón. Justo en ese momento en el aire estalló un
susurro, sonido de canto. Flechas. Fechas en llamas, iluminaban todo el
claro con un brillo extraño. Cristina se agachó automáticamente, sólo
escuchaba un sonido que hacia clang, a algunos centímetros de su
cabeza. Emma azoto a Cortana hacia el lado y una flecha choco contra
la hoja, convirtiéndose en pedazos en ese instante.
Cristina aceleró su ritmo. — Tenemos que salir de aquí.
Una flecha en llamas llego a una bandera que colgaba en el
pabellón del Rey. La bandera estaba atrapada en llamas, crepitando. El
fuego iluminaba a los príncipes que corrían desde el pabellón
desapareciendo en los oscuros bordes. El Rey aún estaba parado delante
del trono, sin embargo, miraba hacia el vacío.
¿Dónde estaba Jules? ¿Dónde habían ido él y Erec?
Al acercarse el borde del claro, una mujer hada con vestido de
hueso se cernía frente a ellas. Sus ojos eran de pescado con un tono verde,
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sin pupilas, brillantes como el aceite de una lámpara. Cristina levanto su
pie en contra de la mujer hada; sus gritos se perdían entre los aullidos de la
Corte, mientras Cristina le clavaba un codazo en las costillas. Ella se estrelló
en contra del pabellón, mientras millones de pequeños pedazos de hueso
llovían desde su vestido, como copos de nieve deformes.
La mano de Emma estaba en la de Cristina. Sus dedos se sentían
como el hielo. Cristina apretó su mano— Vamos . —dijo, y se internaron en
la arboleda.
*** ***
Mark no se atrevió a ir lejos. Julian, Emma y Cristina aún estaban en la
corte. Él arrastro a Kieran detrás de un árbol de encino y se sentó a su lado
inclinándose hacia él.
— ¿Estás bien? ¿Tienes dolor? —Preguntó Mark.
Kieran lo miró con clara exasperación. Antes de que Mark pudiera
reaccionar, toma la flecha, y la tiró hacia afuera sin ningún miramiento. La
sangre broto de la herida, empapando toda su camisa.
—Cristo, Kieran, qué diablos…
— ¿Qué dioses extranjeros llamas ahora? —exigió Kieran saber. —
Pensé que habias dicho que no estaba muriendo.
—No. —Mark se quitó su chaleco de lino, poniéndolo en la herida de
la espalda de Kieran.
—Excepto que ahora podría matarte por ser tan estúpido.
—Los Cazadores sanan rápidamente —dijo Kieran con un jadeo—
Mark. Realmente eres tú —Sus ojos estaban brillantes. — Sabía que vendrías
por mí.
Mark no dijo nada. Estaba concentrado en presionar la tela contra la
herida de Kieran, pero una sensación de ansiedad surgió en su interior. Él y
Kieran habían terminado en buenos términos hace muy poco. ¿Por qué
pensaría Kieran que Mark vendría por él, cuando ya no había nada entre
ellos?
—Kier —dijo él. Movió el chaleco de la espalda de Kieran, este tenía
razón acerca de la curación. La sangre estaba reducida a un pequeño y
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lento goteo. Mark dejo caer la ropa empapada de sangre y toco la mejilla
de Kieran.
La piel estaba caliente como un horno— Tu piel se está quemando .
—Él le coloco el collar de punta de flecha alrededor de la garganta de
Kieran, pero el chico lo detuvo.
— ¿Por qué me entregas tu collar? —dijo, frunciendo el ceño. —
Deberías tenerlo tú.
—Te lo devolví —dijo Mark.
Kieran se rio roncamente— No recuerdo. —Sus ojos se fueron
abriendo— No recuerdo haber matado a Iarlath —dijo él— Sé que lo hice.
Me lo repetían mucho. Y lo creo; él era un bastardo. Pero no lo recuerdo.
No recuerdo nada después de que te vi por la ventana del Instituto, hablar
con esa chica en la cocina. Cristina.
Mark sintió frío recorriéndole el cuerpo. Automáticamente, se colgó
el collar de punta de flecha en el cuello, sintiendo el peso contra su pecho.
¿Kieran no recordaba?
Eso quería decir que no recordaba haber traicionado a Mark,
diciendo que había compartido secretos feéricos con los Nefilim. No
recordaba el castigo que se le había impuesto, los azotes que Julian y
Emma finalmente habían recibido.
Él no recordaba que Mark había terminado con su relación, que le
había devuelto el collar.
No era de extrañar que pensara que Mark lo iría a buscar.
—Esa chica, Cristina está aquí —dijo una voz por encima de ellos.
Cristina se les había unido en las sombras. Se veía desaliñada, aunque no
tanto como Emma, que estaba salpicada de sangre de hada y le
sangraba un largo corte en la mejilla. Mark se incorporó.
— ¿Qué pasó? ¿Por qué están heridas?
—Creo que estamos bien —dijo Emma. Sonó desconcertada y su
cara tenía un tono preocupantemente blanco.
—Emma asesinó al campeón del Rey . —dijo Cristina, y se calló
súbitamente. Mark pudo sentir que algo más había ocurrido, pero no las
presiono.
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Emma parpadeó, centrándose poco a poco en Mark y Kieran— Oh,
eres tú —dijo a Kieran, sonando mayor de lo que era. — Cara de
comadreja, ¿has traicionado a alguien más últimamente? . —Kieran la
miró aturdido. Las personas no solían hablarles de esa manera a los
príncipes Noseelie, y además, Kieran no podía recordar porque Emma
podía estar enojada con él, o acusarlo de traición, pensó Mark.
— ¿Los trajiste a rescatarme? . —Dijo Kieran
—Todos vinimos a rescatarte —Era Julian, que se veía solo
parcialmente detrás de Erec, que estaba siendo empujado por delante de
él. Emma emitió un sonido de alivio. Julian observó rápidamente en Emma
y compartieron una mirada. Mark siempre había considerado que era una
mirada Parabatai: una rápida confirmación para asegurarse que la otra
persona estaba bien, que estaba a su lado, sano y salvo. Aunque ahora
que conocía los verdaderos sentimientos de Julian hacia Emma, no podía
dejar de preguntarse si no compartieron algo más en esa mirada.
La garganta de Erec sangraba en el lugar donde posiblemente se
había deslizado la daga; sus ojos bajo las cejas negras miraron hacia
abajo.
—Traidor a la sangre —le dijo a Kieran. — Asesinas a tu propia
familia…
—Iarlath no era de mi sangre —dijo Kieran con voz agotada.
—Él era más cercano a ti que estos monstruos —dijo Erec, mirando a
los Cazadores de Sombra que lo rodeaban. — Incluso ahora, nos traicionas
por ellos.
— ¿Cómo me traicionaste con nuestro padre, el Rey? —dijo Kieran. Él
estaba acurrucado entre las raíces de los árboles, parecía inusualmente
pequeño, pero cuando inclinó la cabeza hacia atrás para mirar a Eres sus
ojos eran duros como diamantes. — ¿Crees que no sé quién le dijo al Rey
que maté a Iarlath? ¿Crees que no sé a quién culpar de que me exiliaran
de la Cacería Salvaje?
—Arrogante —dijo Erec—- Siempre has sido arrogante, cachorro,
pensando que pertenecías a la Corte con el resto de nosotros. Yo soy el
favorito del Rey, no tú. No tienes ningún lugar especial en su corazón, o en
el corazón la Corte.
—Sin embargo, antes les gustaba —dijo Kieran tranquilamente. —
Antes de…
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—Suficiente —dijo Julian. — La corte está en llamas. Los caballeros
hadas vendrán por nosotros tan pronto como todo termine. Quedarse aquí
y chismorrear sería una locura.
—Los negocios del Tribunal no son chismorreos —gruñó Erec.
—Lo son para mí —dijo Julian, mientras se alejaba por el bosque. —
Debe haber una forma rápida de salir de aquí, hacia las Tierras Brillantes.
¿Nos puedes llevar?
Erec estaba en silencio.
—Él puede —dijo Kieran, parándose vacilante sobre sus pies— No
puede mentir y decir que no le es posible; por eso está callado— Emma
levanto una ceja y le dijo a Kieran. — Cara de comadreja, eres
sorprendentemente útil cuando lo deseas.
—Desearía que no me hablaras de esa manera . —Dijo Kieran con un
tono de desaprobación.
Erec hizo un ruido de gruñido, Julian estaba presionando el cuchillo
en su cuello. Hubo un leve temblor en el brazo de Julian, con el cual
sostenía la daga. Mark imaginaba que mantener a Erec contenido
significaba un esfuerzo físico importante, pero sospechaba que había algo
más. La naturaleza de Julian no era la de un torturador, pero haría todo lo
que estuviera en su mano para proteger a los que amaba.
—Te mataré si no nos llevas en la dirección correcta —dijo Julian. —
Te mataré lentamente.
—Pero le prometiste a mi padre…
—Yo no soy un hada —dijo Julian. — Puedo mentir.
El rostro de Erec se oscureció de rabia, lo que alarmó a Mark. Las
hadas podían guardar rencor por mucho tiempo. Sin embargo, Erec
comenzó a caminar y los otros lo siguieron, dejando atrás la luz naranja
que provenía del claro.
Se dirigieron a la oscuridad del bosque. Los arboles crecían muy
juntos, y las raíces serpenteaban, dejándose ver a través del suelo. Las
flores tenían profundos colores, rojo color sangre y verde venenoso, se
agrupaban en las ramas bajas de los árboles. Pasaron al lado de un risueño
árbol feérico, que estaba sentado en el extremo de una rama, sin nada
más cubriéndolo que una red de hilos plateados; guiño un ojo en dirección
a Mark cuando pasó por ahí. Kieran se inclinaba pesadamente sobre su
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hombro, mientras Mark tenía la mano sobre la espalda baja de Kieran. ¿Los
demás estarían preguntándose qué estaba pasando entre ellos? Vio que
Cristina miraba hacia él, pero no podía leer nada en ella.
Emma y Cristina caminaban juntas, Julian estaba delante, mientras
Erec los guiaba. Mark se sentía inquieto. Habían escapado muy fácilmente.
El Rey los había dejado marchar y se habían llevado a su hijo favorito…
— ¿Dónde están los otros? — Pregunto Erec, cuando los arboles
fueron desapareciendo y un cielo multicolor apareció entre ellos. — Tus
amigos.
— ¿Amigos? —Dijo Mark perplejo.
—Los arqueros —dijo Erec. — Que atacaron la corte con flechas en
llamas, fue ingenioso, tengo que admitirlo. Siempre nos preguntamos cómo
se las arreglarían por aquí sin sus poderes angelicales.
— ¿Cómo hicieron eso? —Mark le preguntó. — ¿Maldijeron toda
esta tierra?
—Eso no haría ninguna diferencia —dijo Emma. — Las runas
funcionan incluso en el reino de los demonios, esto es algo extraño.
—Y el tizón —dijo Mark. — ¿Cuál es el significado de la tierra
arruinada? Está en todos los rincones de la Tierra Noseelie, como si fuera
cáncer en el cuerpo de una persona.
—Como si les fuera a hablar de él. —Espetó Erec. — Y no lograran
nada amenazándome, perdería mi vida antes que decirles algo.
—Créeme, estoy cansado de amenazarte —dijo Julian.
—Entonces déjame ir —dijo Erec— ¿Cuánto tiempo piensas
mantenerme aquí? ¿Para siempre? ¿Cuánto tiempo me usaras como
protección para impedir que mi padre y los caballeros te busquen y te
corten la garganta?
—Te dije que estaba cansado de amenazarte, no que iba a dejar de
hacerlo. —dijo Julian, apretando el cuchillo. Llegaron al borde de la selva,
donde los árboles se acababan y comenzaban los campos. — Ahora,
¿hacia dónde?
Erec le dio una mirada apagada al campo, y continuaron. Kieran
estaba mucho más inclinado sobre Mark; su rostro tenía la palidez de la
luna. Las estrellas brillaban en el verde azulado de su pelo, la madre de
252
Kieran había sido un hada del océano, y un poco de la belleza del agua
se reflejaba el pelo y ojos de Kieran.
Los brazos de Mark se curvaban alrededor de Kieran
inconscientemente. Estaba molesto con él, sí, pero en la Tierra de las Hadas
era difícil no recordar su pasado, no podía evitar pensar en todas las veces
en que Kieran y él se aferraron en un abrazo cálido y lleno de
compañerismo. Como había sido entonces y pensó que siempre sería.
Como había pensado en la suerte que tenia de que un hermoso y fuerte
príncipe se fijara en él.
El susurro de Kieran fue como una ligera caricia en el cuello de
Mark—Windspear.
Windspear era el caballo de Kieran, o había sido. Había llegado con
Kieran cuando este se unió a la casa.
— ¿Qué pasa con él? ¿Sabes dónde está?
—La caza —dijo Kieran y tosió mucho. — Él fue un regalo de Adaon,
cuando era joven.
Mark no había conocido a los hermanastros de Kieran, las docenas
de príncipes Noseelie, hijos de diferentes madres competían por quedarse
con el trono. Adaon, que conocía por las historias que Kieran le contaba,
era uno de los amables. Erec, era todo lo contrario. Había sido brutal con
Kieran la mayor parte de su vida. Kieran pocas veces hablaba de él sin ira
en su voz.
—Pensé que oí el ruido de sus cascos —dijo Kieran. — Los oigo aun.
Mark intento escuchar. Al principio no escuchó nada. Su audición no
era tan aguda como la de Kieran, o cualquier otra Hada completa, al
menos no cuando sus runas no funcionaban. Tenía que afinar sus oídos
para oír el sonido. Eran ruidos de cascos, pero no era Windspear. No era un
caballo. Esto era un tronar de cascos, decenas de ellos, que provenían de
la selva
—¡Julian! —gritó.
No había pánico en su voz; Jules escucho y se dio vuelta
rápidamente, mientras perdía el agarre hacia Erec. Erec se aprovechó del
momento y se zafo de Julian. Corrió a través del campo, con su manto
negro ondeando tras de él, y entro al bosque.
253
—Su compañía fue impresionante —murmuró Emma— Todo lo que
dijo “Los Nefilim morirán ahogados en su propia sangre” fue muy
agradable. —La joven se detuvo. Ella había oído los cascos de caballos.
— ¿Qué está pasando?
Cortana parecía volar en su mano. Julian todavía sostenía su daga;
Cristina había tomado su balisong
—La caballería del Rey —dijo Kieran, con sorprendente calma. —
Ustedes no pueden luchar contra ellos.
—Debemos correr —dijo Mark. — Ahora.
Nadie lo discutió. Corrieron.
Cruzaron a través del campo, saltando un muro de piedra en un
extremo, Mark cargaba con Kieran
La tierra comenzó a temblar por la fueza de los cascos lejanos. Julian
maldijo por lo bajo. Mark podía adivinar que no maldecía mucho en el
Instituto.
Iban rápido, pero no lo suficiente, tenían que encontrar algún tipo de
cubierta. Pero no se distinguía nada en la distancia, y las estrellas no le
decían nada a Mark. Estaba agotado, la mitad de su fuerza la usaba para
sostener a Kieran: no solo lo arrastraba, sino que lo llevaba encima.
Llegaron a la pared, no era lo suficiente alta como para impedir el paso de
los caballos, pero sí para detenerlos por un momento.
Emma saltó y Julian saltó tras ella, sus dedos se tocaron por la parte
superior de la pared cuando el salto sobre ella.
Kieran negó con la cabeza. — NO puedo hacerlo.
—Kier… —Mark dijo con enojo, pero Kieran tenía su cabeza gacha
como un perro apaleado. Su pelo cayó, empapado de sudor sobre su
cara, su camisa y sus pantalones estaban empapados de sangre.
—Estas sangrando otra vez. Pensé que habías dicho que los
cazadores sanaban rápido.
—Pensé que así era —Dijo Kieran. — Mark, déjame aquí…
Una mano toco el hombro de Mark. Cristina. Ella había dejado de
lado su cuchillo, y lo miro a los ojos.
—Yo te ayudo a pasar sobre la pared.
254
—Gracias, —dijo Mark. Kieran no parecía tener la energía para
mirarla airadamente. Ella subió a la pared y estiro las manos hacia abajo;
juntos, ella y Mark pasaron a Kieran por sobre la barrera. Saltaron hacia
abajo, cayendo sobre la hierba a un lado de Emma y Julian, que los
estaban mirando con expresión preocupada. Kieran cayó junto a ellos y se
desplomo en el suelo.
—Él no puede seguir corriendo . —dijo Mark.
Julian miró sobre la pared. El ruido de cascos era fuerte ahora, como
un trueno por sobre su cabeza. El borde de la caballería Noseelie era una
línea oscura en movimiento— Tiene que seguir —dijo. — O ellos nos
mataran.
—Déjenme aquí, —dijo Kieran. —Que me maten.
Julian se arrodillo. Puso la mano bajo la barbilla de Kieran,
obligandolo a mirarlo— Me llamaste despiadado —dijo Julian, con sus
dedos contra la piel ensangrentada de Kieran— No siento piedad por ti,
Kieran. Tú provocaste esto sobre ti mismo. Pero si piensas que recorrimos
todos estos peligros para salvar tu vida, solo para que te recuestes y
mueras, eres más tonto de lo que pensaba —Su mano fue de la cara de
Kieran hacia su brazo, para intentar levantarlo. — Ayúdame Mark.
Juntos levantaron a Kieran y comenzaron a avanzar. Era una tarea
tan difícil. El pánico y el esfuerzo en sostener a Kieran apagaron todos los
sentidos cazadores de Mark. Tropezaron con rocas y raíces, y se sumieron
en un bosque con árboles muy tupidos; sus ramas les rasgaban la ropa y la
piel.
A medio camino a través del bosquecillo, Kieran se desmorono.
Finalmente había desmayado.
— Si él muere… . —Comenzó a decir Mark.
—No morirá —dijo Julian con el cejo fruncido.
—Podríamos esconderlo aquí, y después volver a buscarlo…
—Él no es un par de zapatos. Simplemente no podemos dejarlo en
algún lugar y esperar a que siga ahí cuando volvamos a buscarlo —Siseó
Julian.
—Podrían ustedes dos dejar de… —Empezó a decir Emma, pero se
interrumpió con un jadeo — ¡oh!
255
Habían terminado de recorrer el bosque. Enfrente de ellos se
levantaba una colina, verde y lisa. Podrían subir, pero tendrían que
ayudarse de manos y pies, dificultándose en la parte superior. Sería
imposible subir y mantener a Kieran con ellos.
Incluso Julian parecía desesperanzado. El brazo de Kieran que había
estado alrededor del cuello de Julian, ahora estaba colgando libremente.
Mark tenía la horrible sensación de que ya estaba muerto. Quería recostar
a Kieran en el suelo para revisar sus latidos, como cualquier cazador haría
con un compañero en sus últimos momentos.
En lugar de eso, giró y miro hacia atrás, Cristina estaba en silencio, su
collar entre las manos, mientras oraba silenciosamente. Emma tomo a
Cortana del mismo modo, sus ojos brillaban expectantes. Ella los
defendería hasta su último aliento, incluido a Kieran. Moriría bajo los cascos
de la caballería si tenía que hacerlo.
Ellos ya venían, Mark podía verlos a través de las sombras de los
árboles. Caballos negros como el humo, con ojos rojos como el carbón
encendido, herraduras hechas de plata y oro ardiente. El fuego y la sangre
les dieron la vida: Eran asesinos brutales.
Mark vio cabalgar al Rey montando su caballo a la cabeza del
ejército. Su casco de batalla tenía patrones de caras gritando. La placa
frontal de este cubría la mitad de la cara del Rey, que era humana y
hermosa, dejando expuesta la otra mitad de la cara, llena de piel muerta.
Su único ojo brillaba como veneno rojo.
El sonido de su llegada era como el de un glaciar rompiéndose.
Ensordecedor, mortal. Mark deseo oír lo que decía Cristina, oír su oración
muda. El observaba sus labios moverse. Ángel, provéenos, bendícenos,
sálvanos.
—Mark. —Julian giro su cabeza en dirección a su hermano, sus ojos
azules lucían repentinamente desprotegidos, como si estuviera a punto de
decir algo que había guardado por mucho tiempo. —Si tu…
La colina pareció romperse de repente. La plaza que estaba delante
de ella se alejó y se abrió como una puerta. La boca de Mark se abrió. Él
había oído de cosas así, sobre colinas con puertas a su alrededor, pero
nunca había visto una.
Una luz brillaba desde la apertura, parecía ser un pasillo hacia el
corazón de la colina. Una joven hada femenina, con orejas suavemente
256
puntiagudas y su cabello pálido atado con cuerdas de flores estaba
parada en la entrada, sosteniendo una lámpara. Extendió la mano hacia
ellos
—Vengan —dijo, y su voz tenía el acento indiscutible de la Corte
Seelie—Vengan pronto, antes de que te alcancen, porque la caballería
del Rey es salvaje y no los dejaran vivos.
— ¿Y tú? —Julian dijo. — ¿Te refieres a nosotros también?"
Solo Julian discutiría con la providencia, pensó Mark. Julian no
confiaba en nadie que no fuera de la familia. Y en ocasiones, ni siquiera en
ellos.
La mujer sonrió— Yo soy Nene, —ella dijo. — Les ayudare y no les
haré daño, pero ahora vengan, rápido.
Mark escucho susurrar a Cristina un agradecimiento. Luego todos
corrieron de nuevo, sin atreverse a mirar hacia atrás. Uno por uno, ellos
entraron por la puerta, dejando lleno de tierra adentro. Mark y Julian
llegaron al último con Kieran. Mark dio el último vistazo a los jinetes oscuros
detrás de ellos, y oyó sus gritos de evidente rabia y decepción. Entonces la
puerta se cerró de golpe tras ellos, y la colina se volvió a sellar.
Por las montañas
Traductora: Fer Volpahl
Corrector: Theresa Gray
Revisora final: Theresa Grey
Ejercito Nephilim Latinoamérica.
Mark se abrió camino a través de la corte Noseelie. Había estado
antes entre esas personas solo para los festejos: la Corte no estaba siempre
en el mismo lugar, se movía a través de las tierras Noseelie. Mark podía oler
la sangre en el aire mientras avanzaba entre el gentío. Podía oler pánico,
miedo y odio. Su odio hacia los Cazadores de Sombras. El rey llamaba al
silencio, pero la multitud estaba gritando para que Emma derramara la
sangre de su padre.
Nadie vigilaba a Kieran. Él se desplomó sobre sus rodillas, el peso de
su cuerpo lo empujaba contra las cuerdas de espinas que lo aprisionaba
como si fuera de alambre de púas. La sangre emanaba lentamente de las
laceraciones en sus tobillos, muñecas y cuello.
Mark empujo a los cortesanos al pasar. Así de cerca, él podía ver
que Kieran llevaba alrededor de su cuello una cadena. Un una punta de
flecha. La punta de flecha de Mark. El estómago de Mark se apretó.
—Kieran . —Puso su mano contra la mejilla de otro chico.
Los ojos de Kieran estaban muy abiertos revoloteando de un lado a
otro. Su rostro era gris, un gris que reflejaba el dolor y la desesperanza, pero
su sonrisa era suave— He tenido demasiados sueños —dijo. — ¿Es esto el
final? ¿Has venido para llevarme a las Tierras Brillantes? No podrías haber
elegido una mejor cara para usar.
Mark recorrió con sus manos las cuerdas de espinas. Eran duras. Un
cuchillo serafín podría haberlo cortado sin dificultad, pero las hojas serafín
no funcionaban aquí, dejándole solamente las dagas ordinarias. Surgió
una idea en la mente de Mark, alcanzo rápidamente la punta de flecha
del cuello de Kieran, quitándolo suavemente de su garganta.
—Cualquiera sean los dioses que han hecho esto —susurró Kieran. —
Son agraciados por traerme a aquel que amo, en mis últimos momentos.
237
Su cabeza cayó contra el árbol, exponiendo las cuchilladas
escarlatas alrededor de su garganta donde las espinas habían cortado.
—Mi Mark…
—Silencio —Mark hablo con la garganta apretada. La punta de
flecha estaba afilada, cortando las cuerdas que estaban alrededor de la
garganta y de sus muñecas. Al caer, Kieran suspiro de alivio.
--Es cierto lo que dicen —dijo Kieran. — El dolor te deja cuando
mueres.
Mark libero a Kieran de las cuerdas de sus tobillos y lo ayudo a
enderezarse— Es suficiente —dijo— Soy Mark, no una ilusión. Y no estas
muriendo Kieran. Estás vivo—. Tomó a Kieran por la muñeca y le ayudó a
ponerse en pie. — Estas escapando.
La mirada de Kieran parecía deslumbrada por la luz de la luna. Se
acercó y puso sus manos sobre los hombros de Mark. Hubo un momento en
que Mark podría haberse alejado, pero no lo hizo. Él se acercó a Kieran, y
Kieran se aproximó hacia a él, podía oler la sangre y los cortes de Kieran, y
se besaron.
La curva de los labios de Kieran era tan familiar para Mark, como el
sabor del azúcar o la sensación de la luz solar. Pero no había azúcar ni luz
del sol, nada brillante ni dulce, solo la oscura presión de la Corte y el olor
de la sangre alrededor de ellos. Su cuerpo todavía respondía a Kieran,
mientras lo empujaba contra la corteza del árbol y deslizaba las manos
sobre su piel, sintiendo las cicatrices y las heridas frescas en sus manos.
Mark sintió que se elevaba fuera de sí; estaba otra vez en la Cacería
Salvaje, tomando la crin de Windspear, mientras se inclinaba hacia delante
contra el viento que revolvía su cabello y quemaba su garganta
apagando su risa. Los brazos de Kieran estaban alrededor de él; lo único
que le daba calor en el frio mundo, y los labios de Kieran sobre su mejilla.
Algo silbo al lado de su oído. Se apartó de Kieran bruscamente. Otro
objeto silbó y Mark instintivamente empujo a Kieran contra el árbol.
Flechas. Cada flecha estaba en llamas; se abrían camino a través de la
Corte como luciérnagas mortales. Uno de los príncipes Noseelie corría
hacia Mark y Kieran, levantando un arco hacia ellos.
Después de todo, ellos habían sido advertidos.
238
*** ***
La hierba ante el Instituto parecía hervir, una masa de demonios de
mar y centuriones, tentáculos rebanados y afilados cuchillos serafín. Kit se
lanzó por las escaleras, por poco empujando a Samantha, que luchaba
lado a lado con su gemelo, quien peleaba furiosamente con una grotesca
criatura gris cubierta de bocas rojas.
— ¡Mira donde vas! —gritó y entonces soltó un chillido cuando un
tentáculo se envolvió alrededor de su pecho.
Kit levanto a Adriel y corto los tentáculos por encima del hombro de
Samantha. El demonio gritó desde sus bocas y se desvaneció.
—Asqueroso —dijo Samantha, que ahora estaba cubierta de sangre
de demonio. Ella tenía el ceño fruncido, pareciendo totalmente
desagradecida con Kit, pero él apenas tuvo tiempo de preocuparse por
ello; Kit ya estaba dándose la vuelta para levantar su espada contra una
criatura de aspecto espinoso con una piel de textura rugosa y pétrea,
similar a una estrella de mar.
Pensó en Ty en la playa con una estrella de mar en la mano,
sonriendo. Se llenó de rabia, él nunca antes se había detenido a pensar
cuántos demonios se parecían a las cosas bellas del mundo, que habían
sido tomadas y transformadas en seres deformes, asquerosos y perversos.
La hoja bajo a toda velocidad. El demonio gritó y retrocedió, y
repentinamente unos brazos se aferraron alrededor de Kit, arrastrándolo
hacia atrás.
Fue Diana. Ella estaba bañada en sangre, alguna humana y alguna
proveniente de algún demonio. Ella agarró fuertemente del brazo a Kit,
empujándolo hacia las escaleras del Instituto.
—Estoy bien, no necesito ayuda . —jadeó, aferrándose a la
empuñadura de su espada.
Ella arrancó a Adriel de su mano y la lanzó hacia Diego, que cogió la
espada y la condujo hacia el pecho de un demonio medusa, mientras
bajaba el hacha con la otra mano. Lo cual era muy impresionante, pero Kit
estaba demasiado enojado como para preocuparse de ello.
239
── ¡No necesito ayuda! —gritó otra vez, mientras Diana lo empujaba
por los peldaños.
— ¡No necesito ser salvado!
Ella lo hizo girar para que la mirara. Una de sus mangas estaba llena
de sangre, y había una marca roja en su garganta donde su collar había
sido arrancado. Pero ella estaba tan imperiosa como siempre— Tal vez no,
—dijo—Pero los Blackthorns lo necesitan, y tú vas a ayudarles.
Aturdido, Kit dejó de luchar. Diana lo soltó y abrió las puertas del
Instituto, observando dentro; después de una última mirada hacia atrás,
entro.
*** ***
Los minutos después de que Julian tomo a Erec y le puso el cuchillo
contra la garganta fueron caóticos. Varias de las hadas cerca del
pabellón aullaron; los caballeros retrocedieron, mirando aterrorizados. El
Rey Noseelie estaba gritando.
Julian tenía su mente enfocada: Mantén al prisionero. Mantén el
cuchillo en su garganta. Si consigue escapar, no tienes nada. Si lo matas
demasiado rápido, no tienes nada. Esta es tu ventaja. Aprovéchala.
El rey dio una orden y los caballeros se trasladaron a un lado,
formando a una especie de túnel para que Julian camine por abajo,
manteniendo a Erec delante de él. El túnel terminó bajo el trono del rey. El
Rey estaba de pie en el borde del pabellón, con su manto blanco
ondeando por la brisa.
Erec no luchó, pero cuando avanzaron por el pabellón, estiró su
cabeza hacia atrás para ver a su padre. Julian podía sentir sus ojos sobre
él— No cortaras la garganta de mi hijo —dijo el rey Noseelie, mirando
hacia abajo a Julian con una mirada de desdén. — Eres un Cazador de
Sombras. Tienes un código de honor.
—Estás pensando en lo que los Cazadores de Sombras solían ser, —
dijo Julian. — Vengo de la edad de la Guerra oscura. Fui bautizado con
sangre y fuego.
—Eres gentil, —dijo el rey. — Gentil como los ángeles son gentiles.
240
Julian presiono el cuchillo más firmemente en la curva de la
garganta de Erec. El príncipe hada olía a miedo y sangre— Maté a mi
propio padre, —dijo. — ¿Crees que no mataría a tu hijo?
Una mirada de sorpresa apareció en el rostro rey. Adaon habló— Él
está diciendo la verdad —dijo. — Muchos estaban en el Salón de los
Acuerdos durante la guerra. Lo presenciaron. Él es despiadado.
El rey frunció el ceño— Adaon, Cállate. —Pero estaba claramente
preocupado. Las sombras se movían tras sus ojos— El precio que pagarías
por derramar la sangre de mi familia en la Corte sería incalculable —le dijo
a Julian— No solo lo pagarías tú, sino toda la Clave pagara por ello.
—Entonces no me obligues a hacerlo, —dijo Julian. — déjanos ir en
paz. Nos llevaremos a Erec por la distancia de una milla, entonces lo
dejare ir. Nadie debe seguirnos. Si sentimos que nos están siguiendo, lo
mataremos. Yo lo mataré.
Erec maldijo y escupió— Deja que me mate Padre —dijo él. — Que
mi sangre comience la guerra que sabemos está próxima.
Los ojos del rey de detuvieron por un momento en su hijo. Él es el
favorito del Rey, había dicho Mark. Pero Julian no podía dejar de
preguntarse si el Rey estaba más preocupado por la guerra que se
aproximaba, controlando como y cuando comenzarla, que del destino de
Erec.
—Ustedes creen que los ángeles son gentiles, —dijo Julian— pero
ninguno lo es. Ellos imparten justicia con sangre y fuego celestial. Toman la
venganza con los puños y el hierro. Su gloria es tal, que podría quemarles
los ojos si los miraran. Es una fría y brutal gloria. —Se encontró con la mirada
del rey: su ojo enojado y su ojo vacío— Mírame, si dudas de lo que haré —
dijo Julian. — Mírame a los ojos. Dicen que las hadas ven mucho ¿Crees
que soy alguien que tiene mucho que perder?
*** ***
Estaban en la entrada: Ty, Livvy, Arthur y los más jóvenes, Dru, con
Tavvy en sus brazos.
241
Se iluminaron cuando Diana y Kit llegaron, aunque Kit no sabía si la
reacción era por él. O por ella.
Arthur estaba sentado en las escaleras, silencioso y mirando
fijamente su albornoz ensangrentado. Él se lanzó a sus pies a la vista de
ellos, aunque él se aferró a la barandilla con una mano.
—Hemos oído todo, —dijo Livvy. Ella estaba gris a raíz del shock, con
su mano posada en Ty. — Malcolm quiere la sangre de un Blackthorn, y
tiene un ejército de demonios.
—Cuando él dice “Sangre de Blackthorn”, ¿No hay ninguna
posibilidad de que se refiera a una onza? —Dijo Kit— ¿Tal vez una pinta?
Todo el mundo lo miró excepto Ty— Yo pensé en eso —dijo Ty,
mirando a Kit. — Pero los hechizos están escritos en una lengua arcaica.
"Sangre de un Blackthorn” quiere decir la vida de un Blackthorn.
—Eso no es lo que quiere. —dijo Diana. Se quitó la chaqueta
empapada de sangre y la tiró al piso— Necesitamos un Portal. Ahora . —
Ella busco su teléfono en el bolsillo de sus vaqueros, al encontrarlo
comenzó a marcar.
—Pero simplemente no podemos desaparecer —dijo Livvy. —
¡Malcolm liberará a todos los demonios! ¡La gente morirá!"
—No puedes negociar con Malcolm, —dijo Diana. — Él puede
mentir. Él podría tomar la sangre de un Blackthorn que tanto necesita y aun
así liberar a los demonios. Ponerlos a salvo y luego pelear contra él es la
mejor opción.
—Pero…
—Ella tiene razón —dijo Kit. — Malcolm le prometió todo tipo de
cosas a mi padre, incluido mantenerlo seguro. Al final de lo único que se
aseguró fue que si algo le pasaba a él, mi padre también moriría.
— ¿Catarina? —Diana se volvió a un lado, presionando el teléfono
contra su oído. — Necesito un favor. Uno grande.
—Seremos vistos como cobardes —dijo Dru afligida. — Escapando
de esta manera…
—Ustedes son solo niños —dijo Arthur— Nadie espera que luchen —
Cruzó la habitación hacia la ventana. Nadie se movió para unirse a él. Los
sonidos que provenían de afuera fueron suficientes.
242
Tavvy tenía su cara contra el hombro de su hermana— ¿A Londres?
—Dijo Diana— eso está bien. Gracias Catarina . —Ella colgó el teléfono.
— ¿Londres? —dijo Livvy. — ¿Por qué Londres?
— ¿Por qué no vamos a Idris? —dijo Dru. — Donde están Emma y
Jules.
—Catarina no puede abrir un Portal a Idris, —dijo Diana, evadiendo
la mirada de Dru. — Pero ella tiene un arreglo con el Instituto de
Londres.
— ¡Entonces debemos entrar en contacto con la Clave! . —dijo Dru.
—Saltó hacia atrás cuando el aire frente a ella comenzó a brillar.
—Necesitamos nuestras cosas —dijo Tavvy, mirando el creciente brillo
con preocupación. Se estaba esparciendo, una especie de remolino de
colores que giraba en el aire. — No podemos irnos sin nada.
—No tenemos tiempo para nada de eso —dijo Diana. — Y no
tenemos tiempo para contactar a la Clave. Y allá hay casas Blackthorn en
Londres, lugares seguros, gente que conoces…
—Pero ¿por qué? —Livvy comenzó a decir. — Si la Clave…
—Es totalmente posible que la clave prefiera intercambiar a uno de
ustedes a Malcolm —dijo Arthur. — ¿No es a lo que te refieres Diana?
Diana no dijo nada. El remolino se transformó: tomo la forma de una
puerta, alta y amplia, rodeada de runas que brillaban intensamente.
—Como lo harían los centuriones, por lo menos algunos de ellos, —
dijo Diana. — Estamos escapando de ellos, como cualquier otro haría. Los
demonios de mar están venciendo. Queda poco tiempo.
—Diego nunca… . —Comenzó a decir Dru con indignación.
—Diego no está a cargo —dijo Diana. El Portal estaba ubicado en
una puerta de vaivén que estaba abierta; a través de ella, Kit pudo ver un
salón de clases con un papel tapiz floreado, que parecía no coincidir en el
extremo. — Ahora, Drusilla, tú primero.
Con una mirada de cólera desesperada, Drusilla cruzó la habitación
y camino a través del Portal, sosteniendo aún a Tavvy. Kit miró con aturdido
asombro mientras que desaparecía en el Portal.
243
Livvy se aproximó para cruzar el Portal a continuación, de la mano
con Ty. Se detuvo delante de él, la fuerza de la magia que emanaba el
Portal levantaba su cabello. — Pero no podemos abandonar este lugar a
Zara y la Cohorte —ella protestó, girando hacia Diana. — No podemos
dejar que ellos lo tengan…
—Es mejor eso a que alguno de ustedes muera. —Dijo Diana. —
Ahora, vete.
Pero Ty dudó. — ¿Kit viene con nosotros, cierto?
Diana miró a Kit. Sentía su garganta adolorida; no sabía el por qué.
—Iré —dijo. Observo como Livvy y Ty caminaron en el colorido vacío,
mirando como desaparecían. Observó cómo Diana los siguió. Caminó
hacia el portal y se detuvo allí, mirando hacia Arthur.
— ¿Quieres ir primero? —dijo.
Arthur meneó la cabeza. Había una mirada extraña en su cara,
extraña incluso para Arthur. Aunque Arthur no había actuado extraño esta
noche, pensó Kit. Era como si la emergencia le hubiese obligado a
mantener a sí mismo una cordura que de otra manera normalmente no
podría conseguir.
—Diles, —dijo, y los músculos de su cara se tensaron. Detrás de él se
sacudió la puerta; alguien estaba tratando de abrirla. —Diles…
—Se los dirás en persona en un minuto —dijo Kit. Podía sentir la fuerza
del Portal tirando de él. Incluso pensó que podía oír voces a través de él, la
voz de Ty y Livvy. Se detuvo donde estaba.
— ¿Es algo que hay que hacer? —dijo.
Arthur se movió hacia el Portal. Por un momento, Kit se relajó,
pensando que Arthur iba a cruzar el Portal junto a él. En lugar de ello, sintió
una mano sobre su hombro.
—Dile a Julian que se lo agradezco —Dijo Arthur, y lo empujó.
Kit cayó dando vueltas, en la silenciosa nada.
*** ***
El príncipe hada soltó la flecha.
244
Kieran se movió más rápido de lo que Mark hubiera pensado posible.
Él giro su cuerpo, cubriendo a Mark. La flecha silbó en el aire, cantando
como un pájaro mortal. Mark sólo tuvo tiempo de agarrar a Kieran y
empujarlo lejos cuando la flecha, se enterró en su espalda, debajo de la
altura del hombro.
Él se desplomó sobre el hombro de Mark. Con su mano libre, Mark
tomo una daga del cinto y la lanzó; el príncipe hada cayó, gritando, con
la daga en su muslo. Mark comenzó a arrastrar a Kieran del claro. Las
flechas se habían detenido, pero el fuego floreció de las banderas con la
marca de la corona rota. El fuego los tenía atrapados. Las hadas de la
Corte gritaban y muchos corrieron para salvarse.
Sosteniendo a Kieran, Mark se desvaneció en el bosque.
*** ***
—Emma, — susurró Cristina. El claro estaba abarrotado de ruido; risas,
gritos y abucheos. En la distancia podía ver a Julian con el cuchillo puesto
en la garganta de Erec; hubo jadeos cuando se encamino por el pabellón
del Rey; aunque el rey distraído por Emma, no se había dado cuenta aun.
Emma estaba arrodillada en el suelo, tomando el brazo del
campeón Hada herido. Ella miró arriba y vio a Cristina con sus ojos
iluminados.
—Ayúdame con mi papá . —dijo Emma. Ella estaba tirando del brazo
de su padre, tratando de ponerlo alrededor de su cuello. Yacía inmóvil, y
por un momento Cristina temió que estuviera muerto.
Lo tiró lejos de Emma y pesadamente a sus pies. Era un hombre
delgado, alto y el parecido de familia era claro: tenía características
similares a las de Emma, la forma de sus ojos. Los suyos estaban en blanco,
sin embargo, eran azules con tonos lácteos.
—Déjame ir —dijo. — Inmunda chica Nefilim. Déjame ir. Esto ha ido
demasiado lejos.
La sangre de Cristina se congelo con esas palabras. El rey volvió a
estallar en risa. Cristina tomó a Emma, tirándola hacia ella. — Emma, no
puedes creer todo lo que ves aquí.
245
—Este es mi padre —dijo Emma. Cristina estaba sosteniendo su
muñeca; ella podía sentir la sangre corriendo por las venas de Emma.
Emma tendió su mano— Papá —dijo ella. — Por favor, ven conmigo…
—Ustedes son Nefilim —dijo el padre de Emma. Débilmente, en la
garganta, las cicatrices blancas de antiguas runas eran visibles. — Si me
tocas, te arrastrare a los pies de mi rey, y él hará que te maten.
Las hadas alrededor de ellos estaban riéndose de forma
estruendosa, agarrándose unos a otros; era el sentimiento de horror y
confusión proveniente de Emma lo que les hacía reír, y al mismo tiempo
generaba una furia asesina a través de las venas de Cristina.
Una cosa era el estudio de las hadas. Leer acerca de cómo sus
emociones no eran como las emociones humanas. Como las hadas de la
Corte Noseelie fueron criadas para deleitarse con el dolor ajeno. Para
atraparte en una red de palabras y mentiras, mientras miraban sonriendo
como caías en la trampa.
Otra cosa era verlo.
Hubo una repentina conmoción. El rey Noseelie corrió hacia el borde
opuesto del pabellón; él estaba gritando órdenes, mientras que los
caballeros estaban en un desorden repentino.
Julian, pensó Cristina. Y sí, ella podía verle, Julian sostenía a Erec
delante de él, a los pies del pabellón del rey. Él había atraído
deliberadamente al Rey lejos de Emma y Cristina.
—Será bastante fácil decidir esto —dijo Cristina. Ella sacó su balisong
de su cinturón y se lo extendió al campeón. — Ten esto . —dijo ella.
—Cristina, ¿qué haces? —dijo Emma.
—Es hierro frío, —dijo Cristina. Ella dio otros dos pasos hacia el
campeón. Su rostro cambiaba incluso mientras observaba, cada vez se
parecía menos a Emma, y cada vez más como algo más; alguna grotesca
forma de vida viviendo bajo la piel. — Es un cazador de sombras. El hierro
frío no le hace daño.
Ella se acercó aún más y el campeón que se había parecido a John
Carstairs cambió por completo. Su rostro se ondulo, y su cuerpo se flexionó,
su piel era de un color gris-verdoso moteado. Sus labios estaban
empujando hacia afuera, y sus muy grandes ojos eran de un color amarillo.
246
Su pelo estaba en retroceso y dejaba a la vista una mancha, que parecía
una especie de pate grumoso.
Donde había estado el padre de Emma, estaba un caballero hada
con el cuerpo agazapado y la cabeza de una rana. Emma lo miró
fijamente, con su cara totalmente blanca. El caballero hada abrió la boca
y dijo: — Por fin, por fin, libre. Por fin, por fin, estoy liberado de la ilusión de
los repugnantes Nefilim…
No termino su frase. Emma había tomado a Cortana y se lanzó hacia
delante, golpeando con la afilada hoja la garganta del caballero Hada.
Hizo un sonido mojado y sordo. Pus de color sangre emanaba de su
ancha boca; se tambaleo hacia atrás, pero Emma continuo empuñando
el cuchillo. El hedor de la sangre y el sonido mojado de la carne cortada
casi hacia a Cristina vomitar
— ¡Emma! —gritó Cristina— ¡Emma!
Emma retiro la espada y lo apuñaló una y otra vez, hasta que Cristina
la agarró de sus hombros y la hizo girar, retirándola hacia atrás. El caballero
hada se hundió en el suelo, muerto.
Emma estaba temblando, salpicada con asquerosa sangre. Se
estaba meciendo sobre sus pies.
—Vamos —Cristina agarró el brazo de su amiga, y tirándola
suavemente lejos del pabellón. Justo en ese momento en el aire estalló un
susurro, sonido de canto. Flechas. Fechas en llamas, iluminaban todo el
claro con un brillo extraño. Cristina se agachó automáticamente, sólo
escuchaba un sonido que hacia clang, a algunos centímetros de su
cabeza. Emma azoto a Cortana hacia el lado y una flecha choco contra
la hoja, convirtiéndose en pedazos en ese instante.
Cristina aceleró su ritmo. — Tenemos que salir de aquí.
Una flecha en llamas llego a una bandera que colgaba en el
pabellón del Rey. La bandera estaba atrapada en llamas, crepitando. El
fuego iluminaba a los príncipes que corrían desde el pabellón
desapareciendo en los oscuros bordes. El Rey aún estaba parado delante
del trono, sin embargo, miraba hacia el vacío.
¿Dónde estaba Jules? ¿Dónde habían ido él y Erec?
Al acercarse el borde del claro, una mujer hada con vestido de
hueso se cernía frente a ellas. Sus ojos eran de pescado con un tono verde,
247
sin pupilas, brillantes como el aceite de una lámpara. Cristina levanto su
pie en contra de la mujer hada; sus gritos se perdían entre los aullidos de la
Corte, mientras Cristina le clavaba un codazo en las costillas. Ella se estrelló
en contra del pabellón, mientras millones de pequeños pedazos de hueso
llovían desde su vestido, como copos de nieve deformes.
La mano de Emma estaba en la de Cristina. Sus dedos se sentían
como el hielo. Cristina apretó su mano— Vamos . —dijo, y se internaron en
la arboleda.
*** ***
Mark no se atrevió a ir lejos. Julian, Emma y Cristina aún estaban en la
corte. Él arrastro a Kieran detrás de un árbol de encino y se sentó a su lado
inclinándose hacia él.
— ¿Estás bien? ¿Tienes dolor? —Preguntó Mark.
Kieran lo miró con clara exasperación. Antes de que Mark pudiera
reaccionar, toma la flecha, y la tiró hacia afuera sin ningún miramiento. La
sangre broto de la herida, empapando toda su camisa.
—Cristo, Kieran, qué diablos…
— ¿Qué dioses extranjeros llamas ahora? —exigió Kieran saber. —
Pensé que habias dicho que no estaba muriendo.
—No. —Mark se quitó su chaleco de lino, poniéndolo en la herida de
la espalda de Kieran.
—Excepto que ahora podría matarte por ser tan estúpido.
—Los Cazadores sanan rápidamente —dijo Kieran con un jadeo—
Mark. Realmente eres tú —Sus ojos estaban brillantes. — Sabía que vendrías
por mí.
Mark no dijo nada. Estaba concentrado en presionar la tela contra la
herida de Kieran, pero una sensación de ansiedad surgió en su interior. Él y
Kieran habían terminado en buenos términos hace muy poco. ¿Por qué
pensaría Kieran que Mark vendría por él, cuando ya no había nada entre
ellos?
—Kier —dijo él. Movió el chaleco de la espalda de Kieran, este tenía
razón acerca de la curación. La sangre estaba reducida a un pequeño y
248
lento goteo. Mark dejo caer la ropa empapada de sangre y toco la mejilla
de Kieran.
La piel estaba caliente como un horno— Tu piel se está quemando .
—Él le coloco el collar de punta de flecha alrededor de la garganta de
Kieran, pero el chico lo detuvo.
— ¿Por qué me entregas tu collar? —dijo, frunciendo el ceño. —
Deberías tenerlo tú.
—Te lo devolví —dijo Mark.
Kieran se rio roncamente— No recuerdo. —Sus ojos se fueron
abriendo— No recuerdo haber matado a Iarlath —dijo él— Sé que lo hice.
Me lo repetían mucho. Y lo creo; él era un bastardo. Pero no lo recuerdo.
No recuerdo nada después de que te vi por la ventana del Instituto, hablar
con esa chica en la cocina. Cristina.
Mark sintió frío recorriéndole el cuerpo. Automáticamente, se colgó
el collar de punta de flecha en el cuello, sintiendo el peso contra su pecho.
¿Kieran no recordaba?
Eso quería decir que no recordaba haber traicionado a Mark,
diciendo que había compartido secretos feéricos con los Nefilim. No
recordaba el castigo que se le había impuesto, los azotes que Julian y
Emma finalmente habían recibido.
Él no recordaba que Mark había terminado con su relación, que le
había devuelto el collar.
No era de extrañar que pensara que Mark lo iría a buscar.
—Esa chica, Cristina está aquí —dijo una voz por encima de ellos.
Cristina se les había unido en las sombras. Se veía desaliñada, aunque no
tanto como Emma, que estaba salpicada de sangre de hada y le
sangraba un largo corte en la mejilla. Mark se incorporó.
— ¿Qué pasó? ¿Por qué están heridas?
—Creo que estamos bien —dijo Emma. Sonó desconcertada y su
cara tenía un tono preocupantemente blanco.
—Emma asesinó al campeón del Rey . —dijo Cristina, y se calló
súbitamente. Mark pudo sentir que algo más había ocurrido, pero no las
presiono.
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Emma parpadeó, centrándose poco a poco en Mark y Kieran— Oh,
eres tú —dijo a Kieran, sonando mayor de lo que era. — Cara de
comadreja, ¿has traicionado a alguien más últimamente? . —Kieran la
miró aturdido. Las personas no solían hablarles de esa manera a los
príncipes Noseelie, y además, Kieran no podía recordar porque Emma
podía estar enojada con él, o acusarlo de traición, pensó Mark.
— ¿Los trajiste a rescatarme? . —Dijo Kieran
—Todos vinimos a rescatarte —Era Julian, que se veía solo
parcialmente detrás de Erec, que estaba siendo empujado por delante de
él. Emma emitió un sonido de alivio. Julian observó rápidamente en Emma
y compartieron una mirada. Mark siempre había considerado que era una
mirada Parabatai: una rápida confirmación para asegurarse que la otra
persona estaba bien, que estaba a su lado, sano y salvo. Aunque ahora
que conocía los verdaderos sentimientos de Julian hacia Emma, no podía
dejar de preguntarse si no compartieron algo más en esa mirada.
La garganta de Erec sangraba en el lugar donde posiblemente se
había deslizado la daga; sus ojos bajo las cejas negras miraron hacia
abajo.
—Traidor a la sangre —le dijo a Kieran. — Asesinas a tu propia
familia…
—Iarlath no era de mi sangre —dijo Kieran con voz agotada.
—Él era más cercano a ti que estos monstruos —dijo Erec, mirando a
los Cazadores de Sombra que lo rodeaban. — Incluso ahora, nos traicionas
por ellos.
— ¿Cómo me traicionaste con nuestro padre, el Rey? —dijo Kieran. Él
estaba acurrucado entre las raíces de los árboles, parecía inusualmente
pequeño, pero cuando inclinó la cabeza hacia atrás para mirar a Eres sus
ojos eran duros como diamantes. — ¿Crees que no sé quién le dijo al Rey
que maté a Iarlath? ¿Crees que no sé a quién culpar de que me exiliaran
de la Cacería Salvaje?
—Arrogante —dijo Erec—- Siempre has sido arrogante, cachorro,
pensando que pertenecías a la Corte con el resto de nosotros. Yo soy el
favorito del Rey, no tú. No tienes ningún lugar especial en su corazón, o en
el corazón la Corte.
—Sin embargo, antes les gustaba —dijo Kieran tranquilamente. —
Antes de…
250
—Suficiente —dijo Julian. — La corte está en llamas. Los caballeros
hadas vendrán por nosotros tan pronto como todo termine. Quedarse aquí
y chismorrear sería una locura.
—Los negocios del Tribunal no son chismorreos —gruñó Erec.
—Lo son para mí —dijo Julian, mientras se alejaba por el bosque. —
Debe haber una forma rápida de salir de aquí, hacia las Tierras Brillantes.
¿Nos puedes llevar?
Erec estaba en silencio.
—Él puede —dijo Kieran, parándose vacilante sobre sus pies— No
puede mentir y decir que no le es posible; por eso está callado— Emma
levanto una ceja y le dijo a Kieran. — Cara de comadreja, eres
sorprendentemente útil cuando lo deseas.
—Desearía que no me hablaras de esa manera . —Dijo Kieran con un
tono de desaprobación.
Erec hizo un ruido de gruñido, Julian estaba presionando el cuchillo
en su cuello. Hubo un leve temblor en el brazo de Julian, con el cual
sostenía la daga. Mark imaginaba que mantener a Erec contenido
significaba un esfuerzo físico importante, pero sospechaba que había algo
más. La naturaleza de Julian no era la de un torturador, pero haría todo lo
que estuviera en su mano para proteger a los que amaba.
—Te mataré si no nos llevas en la dirección correcta —dijo Julian. —
Te mataré lentamente.
—Pero le prometiste a mi padre…
—Yo no soy un hada —dijo Julian. — Puedo mentir.
El rostro de Erec se oscureció de rabia, lo que alarmó a Mark. Las
hadas podían guardar rencor por mucho tiempo. Sin embargo, Erec
comenzó a caminar y los otros lo siguieron, dejando atrás la luz naranja
que provenía del claro.
Se dirigieron a la oscuridad del bosque. Los arboles crecían muy
juntos, y las raíces serpenteaban, dejándose ver a través del suelo. Las
flores tenían profundos colores, rojo color sangre y verde venenoso, se
agrupaban en las ramas bajas de los árboles. Pasaron al lado de un risueño
árbol feérico, que estaba sentado en el extremo de una rama, sin nada
más cubriéndolo que una red de hilos plateados; guiño un ojo en dirección
a Mark cuando pasó por ahí. Kieran se inclinaba pesadamente sobre su
251
hombro, mientras Mark tenía la mano sobre la espalda baja de Kieran. ¿Los
demás estarían preguntándose qué estaba pasando entre ellos? Vio que
Cristina miraba hacia él, pero no podía leer nada en ella.
Emma y Cristina caminaban juntas, Julian estaba delante, mientras
Erec los guiaba. Mark se sentía inquieto. Habían escapado muy fácilmente.
El Rey los había dejado marchar y se habían llevado a su hijo favorito…
— ¿Dónde están los otros? — Pregunto Erec, cuando los arboles
fueron desapareciendo y un cielo multicolor apareció entre ellos. — Tus
amigos.
— ¿Amigos? —Dijo Mark perplejo.
—Los arqueros —dijo Erec. — Que atacaron la corte con flechas en
llamas, fue ingenioso, tengo que admitirlo. Siempre nos preguntamos cómo
se las arreglarían por aquí sin sus poderes angelicales.
— ¿Cómo hicieron eso? —Mark le preguntó. — ¿Maldijeron toda
esta tierra?
—Eso no haría ninguna diferencia —dijo Emma. — Las runas
funcionan incluso en el reino de los demonios, esto es algo extraño.
—Y el tizón —dijo Mark. — ¿Cuál es el significado de la tierra
arruinada? Está en todos los rincones de la Tierra Noseelie, como si fuera
cáncer en el cuerpo de una persona.
—Como si les fuera a hablar de él. —Espetó Erec. — Y no lograran
nada amenazándome, perdería mi vida antes que decirles algo.
—Créeme, estoy cansado de amenazarte —dijo Julian.
—Entonces déjame ir —dijo Erec— ¿Cuánto tiempo piensas
mantenerme aquí? ¿Para siempre? ¿Cuánto tiempo me usaras como
protección para impedir que mi padre y los caballeros te busquen y te
corten la garganta?
—Te dije que estaba cansado de amenazarte, no que iba a dejar de
hacerlo. —dijo Julian, apretando el cuchillo. Llegaron al borde de la selva,
donde los árboles se acababan y comenzaban los campos. — Ahora,
¿hacia dónde?
Erec le dio una mirada apagada al campo, y continuaron. Kieran
estaba mucho más inclinado sobre Mark; su rostro tenía la palidez de la
luna. Las estrellas brillaban en el verde azulado de su pelo, la madre de
252
Kieran había sido un hada del océano, y un poco de la belleza del agua
se reflejaba el pelo y ojos de Kieran.
Los brazos de Mark se curvaban alrededor de Kieran
inconscientemente. Estaba molesto con él, sí, pero en la Tierra de las Hadas
era difícil no recordar su pasado, no podía evitar pensar en todas las veces
en que Kieran y él se aferraron en un abrazo cálido y lleno de
compañerismo. Como había sido entonces y pensó que siempre sería.
Como había pensado en la suerte que tenia de que un hermoso y fuerte
príncipe se fijara en él.
El susurro de Kieran fue como una ligera caricia en el cuello de
Mark—Windspear.
Windspear era el caballo de Kieran, o había sido. Había llegado con
Kieran cuando este se unió a la casa.
— ¿Qué pasa con él? ¿Sabes dónde está?
—La caza —dijo Kieran y tosió mucho. — Él fue un regalo de Adaon,
cuando era joven.
Mark no había conocido a los hermanastros de Kieran, las docenas
de príncipes Noseelie, hijos de diferentes madres competían por quedarse
con el trono. Adaon, que conocía por las historias que Kieran le contaba,
era uno de los amables. Erec, era todo lo contrario. Había sido brutal con
Kieran la mayor parte de su vida. Kieran pocas veces hablaba de él sin ira
en su voz.
—Pensé que oí el ruido de sus cascos —dijo Kieran. — Los oigo aun.
Mark intento escuchar. Al principio no escuchó nada. Su audición no
era tan aguda como la de Kieran, o cualquier otra Hada completa, al
menos no cuando sus runas no funcionaban. Tenía que afinar sus oídos
para oír el sonido. Eran ruidos de cascos, pero no era Windspear. No era un
caballo. Esto era un tronar de cascos, decenas de ellos, que provenían de
la selva
—¡Julian! —gritó.
No había pánico en su voz; Jules escucho y se dio vuelta
rápidamente, mientras perdía el agarre hacia Erec. Erec se aprovechó del
momento y se zafo de Julian. Corrió a través del campo, con su manto
negro ondeando tras de él, y entro al bosque.
253
—Su compañía fue impresionante —murmuró Emma— Todo lo que
dijo “Los Nefilim morirán ahogados en su propia sangre” fue muy
agradable. —La joven se detuvo. Ella había oído los cascos de caballos.
— ¿Qué está pasando?
Cortana parecía volar en su mano. Julian todavía sostenía su daga;
Cristina había tomado su balisong
—La caballería del Rey —dijo Kieran, con sorprendente calma. —
Ustedes no pueden luchar contra ellos.
—Debemos correr —dijo Mark. — Ahora.
Nadie lo discutió. Corrieron.
Cruzaron a través del campo, saltando un muro de piedra en un
extremo, Mark cargaba con Kieran
La tierra comenzó a temblar por la fueza de los cascos lejanos. Julian
maldijo por lo bajo. Mark podía adivinar que no maldecía mucho en el
Instituto.
Iban rápido, pero no lo suficiente, tenían que encontrar algún tipo de
cubierta. Pero no se distinguía nada en la distancia, y las estrellas no le
decían nada a Mark. Estaba agotado, la mitad de su fuerza la usaba para
sostener a Kieran: no solo lo arrastraba, sino que lo llevaba encima.
Llegaron a la pared, no era lo suficiente alta como para impedir el paso de
los caballos, pero sí para detenerlos por un momento.
Emma saltó y Julian saltó tras ella, sus dedos se tocaron por la parte
superior de la pared cuando el salto sobre ella.
Kieran negó con la cabeza. — NO puedo hacerlo.
—Kier… —Mark dijo con enojo, pero Kieran tenía su cabeza gacha
como un perro apaleado. Su pelo cayó, empapado de sudor sobre su
cara, su camisa y sus pantalones estaban empapados de sangre.
—Estas sangrando otra vez. Pensé que habías dicho que los
cazadores sanaban rápido.
—Pensé que así era —Dijo Kieran. — Mark, déjame aquí…
Una mano toco el hombro de Mark. Cristina. Ella había dejado de
lado su cuchillo, y lo miro a los ojos.
—Yo te ayudo a pasar sobre la pared.
254
—Gracias, —dijo Mark. Kieran no parecía tener la energía para
mirarla airadamente. Ella subió a la pared y estiro las manos hacia abajo;
juntos, ella y Mark pasaron a Kieran por sobre la barrera. Saltaron hacia
abajo, cayendo sobre la hierba a un lado de Emma y Julian, que los
estaban mirando con expresión preocupada. Kieran cayó junto a ellos y se
desplomo en el suelo.
—Él no puede seguir corriendo . —dijo Mark.
Julian miró sobre la pared. El ruido de cascos era fuerte ahora, como
un trueno por sobre su cabeza. El borde de la caballería Noseelie era una
línea oscura en movimiento— Tiene que seguir —dijo. — O ellos nos
mataran.
—Déjenme aquí, —dijo Kieran. —Que me maten.
Julian se arrodillo. Puso la mano bajo la barbilla de Kieran,
obligandolo a mirarlo— Me llamaste despiadado —dijo Julian, con sus
dedos contra la piel ensangrentada de Kieran— No siento piedad por ti,
Kieran. Tú provocaste esto sobre ti mismo. Pero si piensas que recorrimos
todos estos peligros para salvar tu vida, solo para que te recuestes y
mueras, eres más tonto de lo que pensaba —Su mano fue de la cara de
Kieran hacia su brazo, para intentar levantarlo. — Ayúdame Mark.
Juntos levantaron a Kieran y comenzaron a avanzar. Era una tarea
tan difícil. El pánico y el esfuerzo en sostener a Kieran apagaron todos los
sentidos cazadores de Mark. Tropezaron con rocas y raíces, y se sumieron
en un bosque con árboles muy tupidos; sus ramas les rasgaban la ropa y la
piel.
A medio camino a través del bosquecillo, Kieran se desmorono.
Finalmente había desmayado.
— Si él muere… . —Comenzó a decir Mark.
—No morirá —dijo Julian con el cejo fruncido.
—Podríamos esconderlo aquí, y después volver a buscarlo…
—Él no es un par de zapatos. Simplemente no podemos dejarlo en
algún lugar y esperar a que siga ahí cuando volvamos a buscarlo —Siseó
Julian.
—Podrían ustedes dos dejar de… —Empezó a decir Emma, pero se
interrumpió con un jadeo — ¡oh!
255
Habían terminado de recorrer el bosque. Enfrente de ellos se
levantaba una colina, verde y lisa. Podrían subir, pero tendrían que
ayudarse de manos y pies, dificultándose en la parte superior. Sería
imposible subir y mantener a Kieran con ellos.
Incluso Julian parecía desesperanzado. El brazo de Kieran que había
estado alrededor del cuello de Julian, ahora estaba colgando libremente.
Mark tenía la horrible sensación de que ya estaba muerto. Quería recostar
a Kieran en el suelo para revisar sus latidos, como cualquier cazador haría
con un compañero en sus últimos momentos.
En lugar de eso, giró y miro hacia atrás, Cristina estaba en silencio, su
collar entre las manos, mientras oraba silenciosamente. Emma tomo a
Cortana del mismo modo, sus ojos brillaban expectantes. Ella los
defendería hasta su último aliento, incluido a Kieran. Moriría bajo los cascos
de la caballería si tenía que hacerlo.
Ellos ya venían, Mark podía verlos a través de las sombras de los
árboles. Caballos negros como el humo, con ojos rojos como el carbón
encendido, herraduras hechas de plata y oro ardiente. El fuego y la sangre
les dieron la vida: Eran asesinos brutales.
Mark vio cabalgar al Rey montando su caballo a la cabeza del
ejército. Su casco de batalla tenía patrones de caras gritando. La placa
frontal de este cubría la mitad de la cara del Rey, que era humana y
hermosa, dejando expuesta la otra mitad de la cara, llena de piel muerta.
Su único ojo brillaba como veneno rojo.
El sonido de su llegada era como el de un glaciar rompiéndose.
Ensordecedor, mortal. Mark deseo oír lo que decía Cristina, oír su oración
muda. El observaba sus labios moverse. Ángel, provéenos, bendícenos,
sálvanos.
—Mark. —Julian giro su cabeza en dirección a su hermano, sus ojos
azules lucían repentinamente desprotegidos, como si estuviera a punto de
decir algo que había guardado por mucho tiempo. —Si tu…
La colina pareció romperse de repente. La plaza que estaba delante
de ella se alejó y se abrió como una puerta. La boca de Mark se abrió. Él
había oído de cosas así, sobre colinas con puertas a su alrededor, pero
nunca había visto una.
Una luz brillaba desde la apertura, parecía ser un pasillo hacia el
corazón de la colina. Una joven hada femenina, con orejas suavemente
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puntiagudas y su cabello pálido atado con cuerdas de flores estaba
parada en la entrada, sosteniendo una lámpara. Extendió la mano hacia
ellos
—Vengan —dijo, y su voz tenía el acento indiscutible de la Corte
Seelie—Vengan pronto, antes de que te alcancen, porque la caballería
del Rey es salvaje y no los dejaran vivos.
— ¿Y tú? —Julian dijo. — ¿Te refieres a nosotros también?"
Solo Julian discutiría con la providencia, pensó Mark. Julian no
confiaba en nadie que no fuera de la familia. Y en ocasiones, ni siquiera en
ellos.
La mujer sonrió— Yo soy Nene, —ella dijo. — Les ayudare y no les
haré daño, pero ahora vengan, rápido.
Mark escucho susurrar a Cristina un agradecimiento. Luego todos
corrieron de nuevo, sin atreverse a mirar hacia atrás. Uno por uno, ellos
entraron por la puerta, dejando lleno de tierra adentro. Mark y Julian
llegaron al último con Kieran. Mark dio el último vistazo a los jinetes oscuros
detrás de ellos, y oyó sus gritos de evidente rabia y decepción. Entonces la
puerta se cerró de golpe tras ellos, y la colina se volvió a sellar.
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